11 de junio 2002 - 00:00

Bellas Artes homenajea a jóvenes arquitectos

Obra El Solar de la Abadía
Obra "El Solar de la Abadía"
En sus diez años de trayectoria, los arquitectos Martín Bodas, Rodolfo Miani y Alejandro Anger (todos en los 35 años), han concretado importantes proyectos en distintos centros urbanos del país. Pero además, afincados en Buenos Aires, sus obras aportan una singular fisonomía a la ciudad. El estudio, que actualmente está trabajando también activamente en Chile, presentará un libro y una muestra en el Museo Nacional de Bellas Artes.

En las últimas décadas, la arquitectura se ha personalizado hasta dejar de ser el resultado de movimientos, escuelas y esfuerzos comunes guiados por un programa o una perspectiva creativa. Las nuevas ideas son ahora representadas a través de obras de creadores individuales y equipos que, parece obvio decirlo, terminan por remitir a una obras estética que incluye lo social. El arquitectocreador se inserta en un contexto en el que acciona y reacciona, desplazándose fuera de los confines tradicionales de la arquitectura para ingresar en el campo del arte, así como el arte también lo hace en el de la arquitectura. Este desconfinamiento superador de límites y aquella independencia frente a manifiestos y grupos, han permitido a los arquitectos una mayor libertad y, en consecuencia, una más precisa atención a las necesidades urbanas y a las respuestas estéticoéticas que ellas demandan, de modo de traer el futuro a la actualidad y no, como antes, de llevar la actualidad hacia el futuro. Actúan pues como sismógrafos, sensores del mañana.

La ciudad, como entorno por antonomasia de nuestra época, no es mera aglomeración de edificios sino una condición en la cual los seres humanos llevan adelante actividades productivas, sociales, domésticas, recreativas. En este proceso dinámico, el arquitecto diseña comprendiendo la centralidad del ser humano. Por ello, la arquitectura hoy es entendida no sólo como el arte de construir edificios, sino como el arte de construir un entorno humano. Y, sin duda, es posible (y necesario) considerar a ese entorno como la realización máxima de la estética arquitectónica.

El estudio de los jóvenes arquitectos Bodas Miani Anger es un ejemplo de estas posiciones. Ya en 1992, recién graduados, iniciaron su primer obra. Es la propuesta del Solar de la Abadía, que representa un verdadero cambio en la concepción de la arquitectura de centros comerciales. En el reciclaje del edificio -una fábrica de gas carbónico de más de cien años -, confluyeron factores no sólo comerciales sino también urbanos y arquitectónicos.

También realizaron el primer centro comercial en la ciudad de Bahía Blanca, un complejo planteado como núcleo de la identidad del lugar. No podemos dejar de destacar dos aeropuertos realizados por el estudio: el Aeroparque Jorge Newbery y el Aeropuerto Internacional del Valle de Conlara, en Merlo, a 220 km. de la ciudad de San Luis, que no sólo representa una importante articulación en la vida turística, sino también en las actividades laborales de la provincia puntana.

Hoy, a una década de su conformación, este estudio exitoso participará en la VIII Bienal de Arquitectura de Venecia, en la que presentará uno de sus últimos proyectos, la Estación Terminal Ferroviaria de Constitución. La obra, con una superficie de 75.000 m2, se inaugurará el año próximo. Respetando los valores del edificio original, desarrollaron el proyecto en torno al eje de la circulación; ubicaron las circulaciones y las boleterías, bajo la bóveda de la estación y refuncionalizaron un sector de planta baja y el primer piso, como lugares de esparcimiento, salas de espera y desarrollo gastronómico. Además del trabajo sobre la estación de transferencia, proyectaron la reestructuración y puesta en marcha del edificio sobre los andenes, y los dos pisos de la estación, destinados a oficinas ferroviarias.

En 1929,
Le Corbusier sostuvo que Buenos Aires era «el lugar del urbanismo en la época contemporánea»; también entonces, Borges señaló que Buenos Aires carecía de fecha de nacimiento, porque la juzgaba «tan eterna como el agua y el aire». La escritura urbana de estos arquitectos, dan la razón a Le Corbusier sin quitársela a Borges: Buenos Aires suma a lo perdurable lo actual.

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