19 de febrero 2002 - 00:00
Bellas Artes inaugurará gran muestra fotográfica
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"De gala", de Annemarie Heinrich
Si bien los conceptualistas como Joseph Kosuth, Lawrence Weiner o el grupo inglés Arte y Lenguaje no utilizaron específicamente la fotografía, podríamos asegurar sin dudas que han desarrollado indiscutibles relaciones ideológicas y formales con los grandes fotógrafos de los ´60 y ´70. En su ensayo sobre Auguste Rodin, la teórica norteamericana Rosalind Krauss, ha demostrado cómo las nociones de originalidad, autenticidad y singularidad se articulan en el seno del espacio discursivo del arte moderno. Y cómo la escultura de Rodin muestra cómo es posible concebir el hecho paradojal de una reproducción sin original, en un discurso distinto, opuesto a la hegemonía modernista.
«Desde la perspectiva de la producción postmoderna, el papel que en el arte moderno desempeñan fenómenos como la repetición, la reproductibilidad del signo (especialmente obvia en su forma fotográfica) cobran un nuevo sentido: se presentan ante nosotros como el contenido que una modernidad eufórica pretendía al mismo tiempo señalar y reprimir», ha señalado Krauss. En el postmodernismo se produciría un desplazamiento de la «producción a la reproducción», como lo había anticipado Roland Barthes, en su libro sobre la fotografía. Esta ha ido poniendo en cuestión el campo del arte desde su interior, modificando sus categorías fundadoras y rechazando al modernismo.
En «La photographie plasticienne, un art paradoxal», la teórica Dominique Baqué (a cargo de la sección fotografía en Art Presse), observa que «es el conjunto mismo del sistema de pensamiento y de producción modernista que se fisura, que se deshace en el interior: no hay diferencia ontológica entre el original y su copia, la creatividad es un señuelo y se le ha puesto fin con un mismo golpe a los mitos fundadores de la autenticidad y la singularidad.
Esto abre la vía a otra hipótesis: la deconstructivista, que ha revertido plásticamente las modalidades de la simulación y de la apropiación.» En la fotografía contemporánea la realidad estructurada y ordenada se desmitifica.
En ese contexto, durante los últimos años, una perspectiva nueva -ejemplarmente explicitada por la norteamericana Cindy Sherman-aparece como característica del post-modernismo fotográfico. El pensador francés Jacques Derrida es el primero que ha escrito sobre la deconstrucción. Su teoría trasciende el ámbito lingüístico y trata de subsanar la limitación de los signos. Para esto, acuñó un neologismo: la différence, intentando explicar que la idea de totalidad no puede ser abarcada por un signo único.
Cuando observamos un signo, establecemos relaciones con nuestra historia, con la memoria, y esas relaciones, que están ausentes, son las que completan ese signo; ese ámbito especial es la différence, explica Derrida.
Con la capacidad de reproducir y trabajar en serie, posibilidad inherente a la naturaleza propia de la gráfica, el cine o la fotografía, subyace su poder de hacer vacilar las nociones clásicas de autor, obra y originalidad. En los últimos años del siglo XX, vivimos la experiencia estética como reconocimiento de modelos que anticipan mundos nuevos y comunidades diferentes, pero sólo a partir del momento en que estos mundos y estas sociedades se presentan como multiplicidades, de acuerdo con la propuesta Gianni Vattimo.
El filósofo italiano continúa, revisa y transforma una línea de consideración abierta por Nietzsche y Heidegger: es la que concierne a la crítica de la tradición occidental entendida como tradición metafísica. Lo que llamamos la realidad del mundo es algo que se constituye como contexto de las múltiples fabulaciones. La nostalgia de los horizontes cerrados impide concebir un mundo oscilante y menos unitario.
Estética
Vattimo considera que, según ha sucedido a lo largo de la edad moderna, los rasgos más destacados de la existencia, en la etapa postmoderna, se anuncian y anticipan, con particular intensidad, en la creación estética.
Su análisis parte del hoy legendario ensayo de Walter Benjamin, el eminente pensador alemán, sobre «La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica», publicado en 1936. Para Vattimo, no se ha puesto demasiada atención en la clave del escrito de Benjamin: que las nuevas condiciones de reproducción y goce artístico que se dan en la sociedad de los medios de masas, modifican de manera sustancial la esencia misma del arte, su forma de representarse.
Para el filósofo berlinés el aura es «la manifestación irrepetible de una lejanía y atañe al valor ritual, cultural de la obra de arte. Por eso reprocha al siglo pasado no haber sabido «responder a las nuevas técnicas con un nuevo orden social». De ahí su intento de definir un arte auténticamente moderno que pusiera a su servicio los avances de la tecnología. La reproducción se distingue inequívocamente de la imagen.
En ésta, la singularidad y la perduración están imbricadas una con otra, de manera tan estrecha como en la reproducción lo está la fugacidad y la posible reiteración. Las más antiguas obras de arte nacieron al servicio de un rito, de un culto, primero mágico y luego religioso. La obra de arte no se desliga de la función ritual.
Por consiguiente, la reproductibilidad técnica libera a la obra de su existencia en un rito. Es posible obtener muchas copias de un negativo fotográfico; sin embargo, preguntarse por la copia auténtica carece de sentido alguno. La experiencia estética parece haber sido siempre descripta en términos de seguridad, de integración.
Pero la experiencia estética de la sociedad postmoderna es esencialmente oscilante, ambigua, como la existencia en general.
Estas conclusiones podrán explicitarse a través de esta exhibición del Museo de Bellas Artes. La muestra con más de un centenar de fotografías, incluye obras, entre otros, de los argentinos Dino Bruzzone, Alejandro Kuropatwa, Eduardo Médici, Dalila Puzzovio, Norberto Puzzolo, Anatole Saderman, Facundo de Zuviría, y Sara Facio, que desde hace cuatro años está colaborando permanentemente con la colección del Museo y ha donado un sinnúmero de obras.
Entre los fotógrafos internacionales se podrán ver obras de Claudia Andujar y Mario Cravo Neto (Brasil) Cecilia Arboleda (Colombia); Joan Fontcuberta (España); Henri Cartier Bresson y Jeannine Niepce (Francia); André Kertesz (Hungría); Manuel Alvarez Bravo, Yolanda Andrade, Enrique Bostelman, Rogelio Cuellar, Herminia Dosal, Elías Jaber y Vida Yovanovich (México); Judy Dater y Robert Mapplethorpe (USA).




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