Berlín sigue fría, también en cines

Espectáculos

Berlín - El público mayoritariamente joven que se agolpaba anteanoche a las puertas de una de las salas del Festival no lo hacía, seguramente, en honor al padre del director del film que se iba a proyectar, el famoso artista pop norteamericano Roy Lichtenstein (a quien el Malba dedicó, poco tiempo atrás, una amplia retrospectiva). Mitchell Lichtenstein, si bien comparte intereses parecidos a los de su padre por las expresiones extremas de la cultura contemporánea, parece ser un poco más especulador. 

Su film, exhibido en la sección Panorama, se llama «Teeth» (Dientes), y provocó una misma cantidad de alaridos como de risotadas, reacción de la que no pueden vanagloriarse muchas de las películas que se ven en la competencia oficial. Los dientes de la película no son los habituales, humanos o animales, sino que materializan una de las leyendas más arcaicas de cualquier mitología, desde la griega a la maya, pasando por la freudiana: la vagina dentada. Pero Lichtenstein junior no ha hecho ninguna obra trascendental con ella; simplemente, rodó una típica comedia juvenil, cuya protagonista (la dulce Jess Weixler) padece esa horrorosa deformidad, que siente al principio como un horroroso castigo y más tarde como una adecuada arma de defensa. Festejada proyección, con muchos aullidos de dolor en el público, no fue realmente una sesión pacífica, ya que el señor Lichtenstein, al igual que su célebre padre, no se priva de ser lo más gráfico y explícito posible.

Con un sol bondadoso que interrumpió varias jornadas de nieve, ayer la sección competitiva continuó, sin embargo, con el mismo frío. En primer lugar se vio la norteamericana «When a man falls in the forest» (Cuando un hombre cae en el bosque), del debutante Ryan Eslinger. Como él mismo contó en la conferencia de prensa posterior, su intento es dar con un tipo de cine renovador, que se aparte de ciertos estándares del cine de su país.

Quizás en sus futuros films lo encuentre. Tal vez su natural simpatía haya logrado convencer a Sharon Stone a protagonizar esta película, junto con Timothy Hutton (el adolescente de la lejana «Gente como uno», a quien varias películas, incluyendo «El buen pastor», han comenzado a sacar de la naftalina). Stone, alejadísima de la voluptuosidad de sus bajos instintos, acá actúa a cara lavada, sin sex appeal, en el papel de una cleptómana depresiva. Otro de los actores, Pruitt Taylor Vince (a quien suele vérselo muchas veces en series y películas haciendo de agente de la CIA, tiene la cara justa para eso) cambia de fisonomía e interpreta un reprimido ordenanza. No mucho más.

A continuación, la entrada francesa en el festival fue «Les temoins» (Los testigos), de André Techiné. Emmanuelle Béart y Michel Blanc interpretan una historia que, nuevamente, reitera el tema casi central de esta Berlinale, la homosexualidad, pero con una perspectiva histórica: ambientada en los tempranos años '80 en Paris, los «testigos» del título son aquellos que vivieron, o murieron, en los primeros años del Sida, cuando las primeras noticias de la irrupción de esta enfermedad en el mundo eran inclusive hasta desestimadas, como si se tratara de una invención de la iglesia.

A un día de la proyección del film argentino, «El otro» de Ariel Rotter, con Julio Chávez, en Berlín prácticamente no hay ni un solo título que parezca perfilarse para algún premio. En todo caso, el film alemán-austríaco «Die FTMlscher» (Los falsificadores), es el que va picando en punta, y sobre todo su formidable protagonista Karl Markovics. La película, dirigida por Stefan Rudowitzky, está basada en un episodio real ocurrido durante la segunda guerra, cuando los nazis pusieron a trabajar a expertos falsificadores judíos para que produjeran enormes cantidades de dólares y libras en los talleres de los campos de concentración, con la intención de hacerlos circular en los países enemigos y destruir sus economías.

La proyección y la posterior reunión de prensa llegaron a provocar un moderado debate, saludable efecto que supera de lejos el de la mayoría de los otros films: un aplauso tibio y a otra cosa.

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