22 de junio 2004 - 00:00

Bienal de Whitney: eficaz vidriera del arte de EE.UU.

La reciente Bienal de Whitney ha cumplido con una de las funciones de estos encuentros, o sea, presentar sistemáticamente un panorama representativo del arte contemporáneo. Aunque en este caso con la limitación de una perspectiva nacionalista y de una visión reducida, ya que está dedicada sólo al arte de los Estados Unidos, no deja de ser importante para los artistas y los críticos de ese país. En la Argentina las nueve bienales de arquitectura (1985-2001) y las dos de arte (2000-2002), organizadas por el CAYC, fueron internacionales y consiguieron mostrar un especto mucho más amplio.

Es interesante el trabajo de los curadores de esta edición, Chrissie Iles, Shamim M. Momin y Debra Singer. Sin embargo, también son aceptables algunas críticas que le han cuestionado ciertos criterios de especialistas alejados de los grandes desafíos y de los proyectos osados. «Uno se queda esperando, de algún modo, que lo verdaderamente bueno está todavía fuera de ahí o está por venir. La Bienal da la impresión de que mientras nosotros podemos estar mirando una pintura medianamente correcta del presente, no estamos mirando al futuro», señala Melissa Dunn (crítica de «Flash Art», Milán).

Se destaca «Ice Floes of Franz Joseph Land», video instalación de Catherine Sullivan vinculada al reciente sitio al teatro de Moscú por los rebeldes chechenos. El planteo no sólo alude al impacto del terror en el arte sino también al problema del compromiso o divorcio entre el arte y el mundo. La obra de Emily Jacir documenta su estancia en Israel y remite a las limitaciones y restricciones de los palestinos.

Con un proyecto de interés comunitario, Harrell Fletcher convoca a la participación. Es una instalación realizada a la manera de un refugio anti-bombas SIMPARCH, con partes de cobertizos prefabricados, ubicada debajo del nivel de la calle. En el video «Sufficient Self», Andrea Zittel muestra los esfuerzos cotidianos de la artista para convertir en obra de arte las estrategias de vida en una granja del desierto de California. La densidad del espacio de «Empirical Construction, Istanbul» de Julie Mehrety da cuenta de la tremenda energía de una explosión neutrónica.

Entre otros trabajos que ponen en evidencia a esta joven generación norteamericana y su irrealidad, «Sleeping by the Mississippi» de Alec Soth, es una serie de fotografías que el artista presenta a la manera de un «soñar despierto», y recuerda la soledad de «The Americans», obra del polémico libro del fotógrafo suizo Robert Frank. El sentido de irrealidad de lo trivial aparece también en las fotografías de Katy Grannan y Catherine Opie: son personas desnudas que aparecen en marcos del espacio exterior. Los surfers de Opie son simples manchas en el horizonte que luego se desmaterializan ante los ojos.

En el video «The Problem of Possible Redemption» de Harrell Fletcher se leen citas del «Ulises» de James Joyce, pero descontextualizadas: textos familiares se convierten en irreconocibles. Los dibujos de Sam Durant son grafitos de fotografías de las marchas por los derechos civiles. Los slogans se han transformado en imágenes que sorpresivamente se adhieren al presente, de modo inusitado. Es la representación norteamericana de nuestros piqueteros.

Los dibujos de
Andrea Bowers fijados en pequeños detalles también representan acciones de protesta, pero están aislados de su contexto histórico. «Thirty Yards (Minor Tragedies)» de Rob Fischer utiliza el lenguaje de la escultura post minimalista y a la vez evoca la obra del conocido artista Ed Kienholz, quien no sólo buscaba incorporar en la obra la dinámica de las calles, sino poner en evidencia la belleza ficticia del «american way of life». Kienholz realizaba relieves de madera clavando fragmentos de muebles, electrodomésticos y desechos.

La obra de
Darío Robleto conjuga materiales de «residuos históricos». Construye «falsos fósiles» o extraños artefactos conceptuales con elementos como cristales producidos durante la primera explosión atómica, o cintas de audio de los presidentes de EE.UU. declarando la guerra. En «Our Sin Was in our Hips», presenta un misterioso hueso hecho de, entre otras cosas, polvo de pelvis de hombre y mujer y fundido con discos de rock de las respectivas colecciones de los padres del artista.

Una inscripción críptica de
Maurizio Cattelan enumera sobre una pared hipotéticos materiales «cuerpo, ropas, mesa, silla» que no están a la vista, sino supuestamente «enterrados» en algún lugar debajo de los pisos del museo. El tratamiento que realiza Virgil Marti acerca de la contracultura y la «cultura de la droga» de los '60 en su instalación «Grow Room 3» es representativo de la ideología de esa época y, por supuesto, fue absorbida por los hechos artísticos de las dos décadas siguientes. La video instalación de Sue de Beer «Hans und Grete» reflexiona sobre los aspectos más complejos de la adolescencia.

También remite a la niñez, la invocación de la inocencia en la obra de la artista serbia
Marina Abramovic, en cuyas performances de los años sesenta exploraba la resistencia frente al peligro y la opresión. Abramovic realizaba experiencias con objetos riesgosos y medicinas.

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