16 de julio 2003 - 00:00

Bolaño, reconocido en el adiós

Ayer a la madrugada murió en Barcelona, a los 50 años, el escritor chileno Roberto Bolaño, tras agravarse la enfermedad hepática que sufría y por la que esperaba un trasplante.

Ayer, en Chile Bolaño fue considerado por Jorge Edwards, entre muchos otros, «el mejor escritor de su generación», y por el poeta Gonzalo Rojas «uno de nuestros grandes escritores, de la talla de José Donoso, cuyo aporte será difícil de sustituir». Sin embargo, cuando en 1996 este diario realizó un suplemento dedicado al «Miniboom de la literatura chilena», y dialogó con las figuras centrales de las letras de ese país, ninguno lo conocía, aunque ya había publicado en México libros de poemas y cuentos.

Bolaño
fue periodista y, aunque no cursó estudios formales, no se consideraba autodidacta sino «un apasionado lector». Nacido en 1953, en Santiago de Chile, se trasladó a México en 1968, para regresar a su país en 1972 y casi de inmediato exiliarse en Barcelona, donde profundizó su carrera de narrador y su espíritu innovador. Poco a poco su obra, que comenzó siendo de élite, fue logrando prestigio internacional. Se consideraba hijo intelectual de los argentinos Borges, Cortázar y Mujica Lainez. Sorprendió por la calidad de su escritura desde sus primeras obras: «La pista de hielo» (1993), «Literatura nazi en América» (1996), «Estrella distante» (1996), «Amuleto» (1999), «Putas asesinas» y «Llamadas telefónicas» (1997) por la que le fue otorgado el premio Municipal de Santiago de Chile, el más importante de su país, y, en 1998, con «Los detectives salvajes» el premio Rómulo Gallegos.

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