Orquesta Sinfónica Nacional de Brasil. Dir.: L. Amadio. Solista: L. Bustani. Obras de Ravel, Ginastera, Guarnieri y Villa-Lobos. (Teatro Avenida).
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Inaugurando una gira que luego la llevará a Francia, Italia y Portugal, hizo su debut en Buenos Aires la Orquesta Sinfónica Nacional de Brasil bajo la dirección de la maestra Ligia Amadio, artista ampliamente conocida en nuestro medio donde ha tenido a su cargo conciertos sinfónicos y una ópera de cámara de Nino Rota. La Sinfónica Nacional brasileña es un organismo dependiente del Gobierno Federal y fue fundada en 1961, por decreto del entonces Presidente del Brasil Juscelino Kubitschek. Una primera parte dedicada a músicos internacionales (Maurice Ravel y nuestro Alberto Ginastera) y una segunda a compositores brasileños (Camargo Guarnieri y Heitor Villa-Lobos), todos nacidos en el siglo XX, mostraron un buen sonido conjunto, apreciables labores solísticas, riqueza de planos sonoros y una disciplina férrea a las órdenes de su directora titular desde hace doce años. Conductora temperamental y sensible, Amadio exhibe una seguridad musical y una profunda búsqueda expresiva en todos los materiales interpretados.
Con la participación de una pianista sobria y refinada como Linda Bustani, estas dos notables mujeres ofrecieron una versión intachable del Concierto para piano y orquesta en Sol, de Ravel. En manos de las dos, la obra estuvo recorrida por una sutil poesía, y el momento culminante se produjo en el bellísimo «Adagio assai», en el que piano y orquesta lograron una comunión absoluta para traducir la honda melancolía del fragmento.
Vigorosa se oyó luego la suite de «Estancia» de Ginastera. En sus cuatro instancias se evidenció con propiedad el afán del compositor argentino de elaborar una trama compacta entre el folklore y la densidad sinfónica en una curva expresiva que culmina con el electrizante «Malambo».
Por supuesto que los dos compositores brasileños interpretados a continuación, fueron mediados con gran conocimiento de causa. Las tres danzas para orquesta de Guarneri, y la estupenda reinterpretación de Bach en las «Bachianas brasileiras N° 7», de Vill-Lobos, cerraron con toda la energía y el ritmo necesarios este encuentro de alto nivel con la música latinoamericana, que se prolongaría unos minutos más con bises de compositores brasileños y argentinos («Acuarela de Brasil», miscelánea de choros y «Oblivión» de Astor Piazzolla).