20 de mayo 2008 - 00:00

Buen grupo de cámara italiano con director nada tradicional

Orchestra D'Archi Italiana. Dir.: M. Brunello. Prog.: obras de Bach, Sollima, Mahler y Mendelssohn. (Teatro Coliseo).

El violoncellista italiano Mario Brunello, director y solista de la Orchestra D'Archi Italiana, que acaba de presentarse para el ciclo Nuova Harmonia, se aleja sin reparos de la tradición a la hora de elegir el repertorio de esa agrupación de cámara y, sobre todo, en la manera de interpretar las obras que lo conforman.

Brunello asombra cuando aplica esas ideas personales en creaciones sumamente conocidas. Aquí ocurrió con el «Concierto Brandeburgués N° 3» (Sol Mayor, BWV 1048), de Bach. Las cuerdas del conjunto atacaron con una dinámica incontenible los dos allegros y con una lentitud inquietante el adagio central. Esta concepción tuvo sus puntos atractivos, y también discutibles en cuanto a la vertiginosidad con que entregó los movimientos extremos. Algo similar ocurrió con el « Quartettsatz», de Gustav Mahler, que se vio envuelto en una nerviosa ejecución de apabullante pasión. El bellísimo «Octeto para cuerdas», en Mi bemol mayor, Op. 20, de Félix Mendelssohn fue objeto de un tratamiento sonoro similar al de la obra de Bach. Furiosos fueron el Allegro inicial, el Scherzo y el Presto en fuerte contraste con la placidez del «Andante».

Los arcos de la orquesta se adaptan fuertemente a los impulsos del director ofreciendo versiones brillantes desde el punto de vista técnico, donde no se observan pifias, a pesar de la convulsióndesatada por Brunello en estosviajes al Barroco y al Romanticismocon climas casi neuróticos. Habrá razones para que se oigan de esa manera. Al promediar el recital se interpretó una obra de Giovanni Sollima, un compositor nacido en 1962. Su «Spasimo para violoncello amplificado y ensamble» es música con intención descriptiva y apela a distintas técnicas y estilos primando un minimalismo un poco reiterativo.

Los arreglos y las duplicaciones a que Brunello somete a las obras clásicas con su particular perfil artístico también hacen pie en los contemporáneos como Astor Piazzolla. «Adiós Nonino» fue uno de los extras del concierto y ciertamente el más aplaudido de la noche. Su trabajo como solista fue un gran atractivo, al que se sumó la sensualidad de las cuerdas de todo el conjunto.

Las otras peculiaridades de este concierto estuvieron en un fragmento velocísimo de «Una pequeña música nocturna», de Mozart, y una humorada sobre un Allegro de Vivaldi, al que se le sumó, además de las cuerdas, toques de percusión de claro aliento «pop». Se incorporó así el percusionista, Pietro Pompei, que también había mostrado excelencia y entrega en el «Spasimo» de Sollima.

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