14 de noviembre 2006 - 00:00

Buen Mozart cerró 2006 del Teatro Argentino

«Las bodas de Fígaro», con acertada régie de Oscar Barney Finn, y buen elenco, fue almismo tiempo homenaje a los 250 años del nacimiento de Mozart y cierre de temporadadel Teatro Argentino de La Plata.
«Las bodas de Fígaro», con acertada régie de Oscar Barney Finn, y buen elenco, fue al mismo tiempo homenaje a los 250 años del nacimiento de Mozart y cierre de temporada del Teatro Argentino de La Plata.
«Las bodas de Fígaro». Opera bufa en cuatro actos. Mús.: W.A. Mozart. Lib.: L. Da Ponte. Dir. mus.: J. M. Carciofolo. Dir. Esc.: O. Barney Finn. Coro Est. Dir.: M. Martínez. Esc.: M. J. Bertotto. Vest.: E. Lerchundi. Luces: R. Traferri (Teatro Argentino de La Plata.)

Adhiriendo a las celebraciones mundiales por los 250 años del nacimiento de Mozart, el Teatro Argentino cerró su temporada lírica con «Las bodas de Fígaro». Parte de la trilogía Da Ponte junto a «Cosi fan tutte» y «Don Giovanni», «Las bodas de Fígaro» transforma la pieza de Beamarchais, en la que se basa, en una aguda mirada crítica a la burguesía decadente de la Europa de fines del 1700, que Mozart, a su vez, plasmó en una partitura vocal e instrumental que es paradigmática para la consolidación de la ópera del período clásico.

Con su habitual buen gusto y sagacidad, el régisseur Oscar Barney Finn aprovechó al máximo las acciones humorísticas y chirriantes que presenta el desarrollo argumental para construir un espectáculo con dinamismo y valoración psicológica de los distintos personajes en conflicto. El todo resulta mesurado, sin excesos y las secuencias de fuerte contenido erótico que contiene la obra son tratados con cuidadosa teatralidad. La escena del jardín (cuarto acto) es un modelo de juego escénico casi de voudevil.

A la acertada regie de Barney Finn, Jorge M. Carciofolo aportó una dirección musical equilibrada y en estilo, al frente de una eficaz Orquesta Estable. Las breves intervenciones corales muestran un eficaz trabajo del Coro Estable dirigido por Miguel Martínez. El elenco de cantantes fluctúa entre lo correcto y lo brillante. Eliana Bayón, una liviana y musical Susana, Gustavo Gibert, un sólido Conde, María José Siri, aplomada Condesa, sobre todo a partir del tercer acto; una simpática Adriana Mastrángelo como Cherubino y Carlos Esquivel, no demasiado cómodo vocalmente para el Fígaro fueron los más destacados artistas del staff.

Visualmente (escenografía de Bertotto, iluminación de Traferri y vestuario de Lerchundi), la obra tiene una resolución eficaz. El acto final de la ópera, con jardín, luna y Cupido incluído, resulta lo más acertado desde el aspecto plástico.

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