21 de febrero 2005 - 00:00

Buena muestra celebra a Lan, el "Divito carioca"

El arte de Lan, famoso caricaturista brasileño, reconoce sus raíces en la tradición ácida y picaresca de los años 50.
El arte de Lan, famoso caricaturista brasileño, reconoce sus raíces en la tradición ácida y picaresca de los años 50.
La temporada comenzó mucho antes de lo esperado, en febrero, y no en marzo o abril como es usual. Se inició con la muestra del fotógrafo Cartier Bresson en el Centro Cultural Borges, continuó con la exposición «Vida real» en el espacio Contemporáneo del Malba, y el sorprendente vernissage de «Lan, un porteño carioca», un «italo-argentino-brasileño», como él se describe, en el Centro Cultural Recoleta.

La fiesta dedicada a Lan, caricaturista del diario «O Globo», que acaba de cumplir 80 años y trabajó cinco en Buenos Aires («Caras y Caretas», «PBT» y «Mundo Deportivo», entre otras publicaciones), será difícil de superar, y por varias razones. La tarde del vernissage se podía palpar la inestable situación política del Gobierno de la Ciudad.

Para comenzar, los artesanos habían organizado una protesta en la puerta del Recoleta. Luego, quienes lograban sortear la manifestación, se encontraban con la inmensa sala Cronopios a oscuras y desolada. Sin embargo, en una de sus últimas salas, junto a la muestra de Lan, uno de los grandes patios lucía por primera vez entoldado, alfombrado y con una espectacular escenografía, que incluía un piano de cola entre palmeras y una pista de baile al estilo de los años 50.

El género humorístico de Lan, dibujos con líneas que en ocasiones se reducen a esquemas acompañados por pequeños textos, busca suscitar la sorpresa y una sonrisa de los lectores de diarios y revistas que se cruzan con ellos. Se trata de un arte realizado para el consumo cotidiano, apenas un gesto, que sirve para romper por un momento con la densidad de la información. Si bien en gran medida a partir del Pop, el género adquirió status de «obra de arte», la jerarquía en este caso la brinda el humor.

Las caricaturas de Lan descubren rasgos que pintan al personaje de cuerpo entero, con grandezas y miserias que difícilmente se revelen en palabras. Es decir -en términos de comunicación-, a través de la exageración de los gestos y de imágenes que bien pueden considerarse primitivas o brutales, el observador toma conciencia de identidades, hechos o situaciones.

Así, la realidad puede ser percibida desde un ángulo diferente del que plantean los textos, desde un punto de vista que -a veces-, resulta más perspicaz o, al menos, más saludable. En sus dibujos y pinturas, Lan exalta lo que más lo conmueve, los cuerpos femeninos con cinturas de avispa que recuerdan los de Divito y tienen una característica especial: no son estáticos. Las dulces curvas de sus sensuales mulatas parecen moverse, bambolearse por las onduladas veredas de Rio de Janeiro, marco de muchas de sus obras y ciudad donde el dibujante eligió vivir, y casarse, con Olivia, una célebre vedette.

En suma,
«Lan, un porteño carioca», bien curada por Valéria da Silveira, es una muestra que ofrece un momento de distensión, la posibilidad de encontrarse con la alegría de Río de Janeiro y melancolía Buenos Aires, y que más que nada, invita a reflexionar sobre las diferencias y afinidades de Argentina y Brasil, pues éste es su verdadero propósito.

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