"Busco dar una visión más clara del mundo"

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Por Xavi Ayen
Mu-ra-ka-mi. Cuatro sílabas que condensan el universo del acaso mayor escritor japonés de la actualidad. Ahora de Haruki Murakami (Kobe, 1949) se publica en español «Tokio blues», novela fenómeno aparecida en Japón en 1987 que consiguió vender más de 4 millones y subyugar a lectores de medio mundo. Se trata de una de las obras maestras del autor que, sin demasiada publicidad, se ha encaramado a la lista de los más vendidos. Autobiográfica historia de un estudiante japonés en los '70, « Tokio blues» es un relato de amor generacional y una exploración de los abismos del yo contemporáneo. Novela de título original difícil, «Tokio blues» es en inglés «Norwegian wood», es decir, «Madera noruega», referencia a una canción de los Beatles que actúa a modo de magdalena proustiana que activa los recuerdos del protagonista.

Novelista de los sentimientos contemporáneos, que trata sin moralina, con la pasión de comprender, Murakami -que regentó un club de jazz durante años- cede la voz a Toru Watanabe, un hombre de 37 años que recuerda sus años de la universidad en Tokio. Su mejor amigo, Kizuki, se suicidó un año antes de que él ingresara y, a partir de ahí, él inició una relación -más romántica que sexual- con la novia del fallecido Naoko. La frágil estabilidad mental de ella la acaba recluyendo en un sanatorio y Watanabe entabla una nueva relación con la alegre Midori. El dilema de Watanabe será entre su amor ideal (Naoko), consumido por la locura, o la felicidad presente (Midori). Periodista: Sus libros, repletos de referencias occidentales, son tildados a veces de poco japoneses. ¿Por qué?

Hauki Murakami: Sinceramente, no sé qué significa ser realmente japonés. Quizás por haberlo sido durante toda mi vida y en todo momento, me gustara o no, no poseo una noción exacta de lo que es japonés y de lo que no lo es. En otras palabras, soy demasiado japonés para estimar desde fuera cuán japonés soy. Pero si espera de mí ese tipo de historia en la cual los personajes comen sushi o tofu todos los días y van a ver teatro kabuki vistiendo kimonos y se hacen reverencias entre ellos todo el tiempo, es mejor que lea los libros de los viejos maestros, como Kawabata o Tanizaki. Si busca escenas o paisajes exóticos, le recomiendo que llame a otra puerta y no a la mía. No estoy interesado en ese tipo de cosas. Es más, creo que a la mayoría de los lectores japoneses contemporáneos tampoco le interesa leer esa clase de relatos.


P.
: ¿Qué es lo que les interesa?

H.M.: Supongo que -especialmente los jóvenes- buscan libros que les muestren una vision más clara del mundo en el que están viviendo.Y eso es lo que intento darles en mis obras. Me parece que estamos viviendo en un mundo de caos absoluto. A veces es muy difícil para cualquiera decidir cuál es el correcto camino que seguir y cuál el equivocado. Hay tantos caminos y tan pocos principios... En ocasiones, incluso no sabemos ni siquiera qué camino es el de delante y cuál el de atrás, qué lado es la derecha y cuál la izquierda, qué emoción es real y cuál es fingida. Por supuesto, no tengo la respuesta correcta a todo eso. No soy un profeta ni un líder de opinión. Pero, como escritor profesional de ficción, he intentado representar la situación de una manera fácilmente aceptable, tangible, a través de una narrativa viva y cautivadora. Como hizo FRanz Kafka maravillosamente hace más de cien años.


P.
: ¿Conisdera que se inscribe en la tradición japonesa?

H.M.: Es un tema que no me concierne, y que imagino que no le importa a la mayoría de mis lectores. Me encanta el tofu, la música de Radiohead, mi campera de Comme des Garçons, leo a García Márquez y, al mismo tiempo, soy un escritor japonés. Auténtico o no, eso ya no lo sé. Pero escribo seria y sinceramente, y eso es lo que importa.


P.:
Su novela deja una sensación de extrañeza referida a las cosas del mundo...

H.M.: Me parece -al menos a mí- que la mayoría de las cosas que suceden en «Tokio blues» son bastante naturales y sencillas.


P.:
¿La enfermedad mental de uno de su personajes es una metáfora de todos nosotros?

H.M.: No me parecería correcto utilizar ninguna enfermedad mental como metáfora.Eso sería deshonesto o improcedente. Más bien quiero utilizar la metáfora como un síntoma de la enfermedad mental.

P.
: Dicen que usted refleja la abundancia del consumismo y al tiempo su vacío espiritual, ¿está de acuerdo?

H.M.: Me gustaría reflejar el vacío del consumidor y la abundancia espiritual, escribir sobre eso tiene bastante sentido.


P.
: Los diálogos son muy importantes en sus libros, reflejan realidades profundas con un lenguaje sencillo.

H.M.: Siempre me encantó escribir diálogos porque me resulta muy fácil. Llevo 26 años escribiendo novelas y cuentos, y jamás he sufrido ninguna dificultad a la hora de realizar los diálogos. En mi mente, los personajes hablan libremente, exponiendo sus propias razones y argumentos. Todo lo que tengo que hacer es escuchar lo que están diciendo y plasmarlo sobre el papel. Es una tarea muy agradable, a pesar de que uno debe ser muy cuidadoso para no olvidarse nada de lo oído. Cualquier cosa que se pierda será para mal. Cuando escribí «Tokio blues» sucedió eso. El único trabajo era perseguir sus voces.

P.
: ¿En qué trabaja ahora?

H.M.: Trabajé hasta febreroen un puñado de cuentos, su título será «Cinco cuentos extraños desde Tokio». Son historias en efecto extrañas. Ahora estoy descansando. Bueno, traduzco una novela del inglés al japonés. Siempre hago traducciones en las pausas entre libro y libro. La verdad es que si a uno no le gusta escribir compulsivamente, este oficio de escritor es una auténtica pesadilla.

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