23 de agosto 2006 - 00:00

"Busqué tumbar aquel París de los sueños"

Jorge Francodeberásuspender laescritura deuna nuevanovela, que yateníaencaminada,para participarcomocoguionista enla filmación desu novelasobreinmigranteslatinos enNueva York.
Jorge Franco deberá suspender la escritura de una nueva novela, que ya tenía encaminada, para participar como coguionista en la filmación de su novela sobre inmigrantes latinos en Nueva York.
Gabriel García Márquez, para presentarlo en un seminario de cine en La Habana, dijo «si eligiera un joven escritor colombiano para pasarle la antorcha, sería a Jorge Franco». Franco que se consagró internacionalmente con su novela «Rosario Tijeras», confiesa que le ha llevado años recuperarse de esas palabras. Cuando en Nueva York está por comenzar a filmarse su novela «Paraíso Travel», Jorge Franco realizó un a breve visita a la Argentina para presentar «Melodrama», su nueva novela. Dialogamos con él.

Periodista: ¿Por qué después de su exitosa novela «Rosario Tijeras» pasó a otras formas narrativas, como el melodrama?

Jorge Franco: Fue algo muy deliberado. Necesitaba explorar otras posibilidades de la literatura, y de mi escritura. Queria construir una historia más larga, de una estructura más compleja. Algo que ya había iniciado con «Paraíso Travel», mi novela anterior, que es una historia de inmigrantes jóvenes en Nueva York. Cuento de una pareja que entra a los Estados Unidos por México, por la frontera, y al llegar a Nueva York se pierden por una situación absurda. La búsqueda de la mujer me permitió mostrar el mundo de los inmigranteslatinoamericanos en Norteamérica, y hacer crecer a los personajes secundarios.

P.: ¿Qué buscó contar en «Melodrama»?

J.F.: Quise escapar de mis temas anteriores, que fueron el narcotráfico y la inmigración, y tratar de contar la descomposición social desde un lugar íntimo. «Melodrama» es la historia de una familia donde predominan las mujeres, donde hay mucha violencia verbal, ironía, humor negro, sordidez, incesto, iniciación sexual de jóvenes por parte de gente cercana. Para esto quería, a la vez, utilizar un género muy latinoamericano, el del melodrama, que está en nuestra formación familiar, social, cultural. El melodrama expresa la exaltación de los sentimientos, no teme ni a la exageración ni al llanto. Es el argumento del bolero, del tango y de la ranchera. Pero, a ese melodrama quise mostrarlo desde una perspectiva diferente, iluminar sus rincones mas oscuros. Pensé que, lo que queda oculto en las telenovelas, la literatura lo puede mostrar.

P.: ¿En qué lo ayudó manejarse con un género tan establecido?

J.F.: Me permitió trabajar la literatura en su aspecto formal, jugar con el tiempo, hacer que se crucen varias líneas argumentales, y construir una novela ambigua en todos los aspectos, desde la misma narración a la sexualidad de los personajes. En ese sentido, luego de concluir «Melodrama» me di cuenta que había tenido al argentino Manuel Puig como referente, porque con «Boquitas pintadas» y «El beso de la mujer araña» supo instalarse de manera arquetípica en el mundo del melodrama.

También hay en la novela algo de Almodovar en el manejo de un dominante mundo femenino. Y hasta un guiño respetuoso a Rulfo con un narrador protagonista que no se sabe si está vivo o muerto, si lo que cuenta es parte del delirio al que lleva a un hombre bello el estar enfermo de sida.

P.: ¿Buscó romper con la imagen literaria tradicional de París?

J.F.: Busqué desmitificar el antiguo estereotipo de París como el sitio de la belleza, del refinamiento, de la nobleza. Quise tumbar el París de los sueños y presentar uno más acorde a la realidad. El escenario de mi relato es el París de la decadencia con un bar de sadomasoquistas, un hombre que usa su sexualidad para sobrevivir, un conde pedófilo, los barrios lujosos y los de una arquitectura construida con grandes bloques de cemento y hormigón donde viven obreros e inmigrantes poco atractivos, barrios inseguros y violentos. Allí transcurre la historia, por allí andan esos personajes que viven desaforamente, corriendo tras el placer, el dinero o las más frívolas formas de evasión. Y hay, entre muchas otras cosas, la exhumación de un cadáver, una herencia en juego, una anciana adicta a los medicamentos, en fin todo un melodrama.

P.: ¿Se divirtió escribiendo «Melodrama»?

J.F.: Me divertí como un loco. Y espero que eso mismo le ocurra a los lectores. Como no me tocaba experiencias personales tuve que poner en juego toda mi imaginación. Me gustaba descubrir hasta donde llegaba con el desparpajo con el que las protagonistas femeninas hablan y el descaro con el que se comportan. Me dolió tener que terminar la novela y abandonar a esos personajes.

P.: Sus primera novela fue llevada al cine, ¿ésta también?

J.F.: Pareciera que es lo que va a ocurrir con todas. «Rosario Tijeras» ya es una película. «Paraíso Traveler» comienza a filmarse en Nueva York en setiembre con una gran producción norteamericana.

Entrevista de Máximo Soto

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