Caiozzi: "El mundo de 'Coronación' es el del Chile actual"

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No es común que una película tenga premios en todos sus rubros principales. La chilena «Coronación», basada en la novela de José Donoso y que se estrena tardíamente este jueves en el país, lo ha logrado, o casi. «Entre Montreal, Viña, Trieste, Huelva, La Habana, Fort Lauderdale y Cartagena, se completó el reparto: película, protagonistas, secundarios, fotografía, arte, música, adaptación, director, cada uno ha recibido su premio», dice su autor, Silvio Caiozzi, que está de regreso en la Argentina después de haber sido miembro del jurado del festival marplatense en marzo. «Sólo me falta montaje, pero pocos festivales consideran ese rubro. Y eso que nos pasamos diez meses en la moviola». El es así: en casi treinta años apenas hizo tres películas, pero todas premiadas, inclusive con el premio del público.

Periodista: ¿Cómo conoció a José Donoso?

Silvio Caiozzi: Fue en Huelva, donde yo había llevado mi primera obra, «Julio comienza en julio». El estaba allí, invitado como escritor, y se acercó a decirme que la película le había gustado mucho. Me emocionó, porque soy un lector bien lento, pocas cosas me enganchan, pero sus libros me atraían una barbaridad. Me propuso entonces adaptar «Este domingo». No me convenció, porque tenía cosas cercanas a «Julio...», y no quería repetirme. Años después, los integrantes del teatro Ictus me pidieron hacer un corto en video. Surgió entonces «Historia de un roble solo», y ahí quedamos sintonizados. Nos juntábamos en su casa, me leía... De pronto me llamó, y me dijo que en Valparaíso había mirado un departamento viejo, y se imaginó un marino retirado, enfermo, que no puede ver el mar porque le han tapado la vista con otro edificio... Así nació «La luna en el espejo», no de un cuento, sino de una sensación. Para él fue un placer, porque era fanático del cine, y una de sus grandes frustraciones era que su gran amigo Luis Buñuel no hubiera podido llevar al cine «El obsceno pájaro de la noche». Lo intentaron durante seis años, pero siempre faltaba dinero, u otra cosa.

P.: ¿Y la colaboración continuó?

S.C.: Sí. Después pensamos de nuevo en «Este domingo» y en su cuento «Jolie Madam», del libro «Cuatro para Delfina», pero empezó a enfermarse, culpa de un virus cirrósico. Una enfermedad maldita, contraída durante un postoperatorio en Estados Unidos, que le afectaba el cerebro. Tú comes carne, y empiezas a enloquecer. Eran como ciclos, estaba bien y de repente entraba en etapas espantosas, algo siniestro, que tantas veces me tocó verlo. Le dábamos sangre, pero era inútil.

•Homenaje

P.: Le rindió homenaje, entonces, haciendo «Coronación».

S.C.:
Fue su primera novela, de 1958, y lo hizo famoso en muchos países. Al releerla sentí que podía trasladarla al presente, al Chile actual, que en lo profundo sigue siendo lo mismo. Eso me permitía hacer una radiografía de nuestra sociedad, y una radiografía generacional.

P.: Es una obra muy rica en personajes
.

S.C.:
Exacto. Están la vieja centenaria, admiradora de España, con su religión castradora; el sesentón don Andrés, admirador de la intelectualidad europea, que busca en los libros el sentido de la vida, hasta que se encuentra con una muchachita campesina que lo perturba todo; su amigo cincuentón, el nuevo rico (personaje que amplié), exitista, que vive en un barrio sofisticado, mientras nuestro protagonista sigue en su casona deteriorada, con el jardín seco; y la juventud de hoy día, desesperanzada, descreída.

P.: ¿La película acentúa lo social?

S.C.:
No. Traté de enfatizar las psicologías. La historia acá es lo que menos importa, simplemente el patrón que se enamora de una muchachita; lo que importan son los tonos, las psicologías. Por eso nos tomamos todo el tiempo necesario, casi cuatro meses de rodaje, porque acá hasta los personajes terciarios toman de pronto alguna importancia, y, como una película se filma en desorden, eso me tenía preocupadísimo. Fue una tarea dura, compleja, preocupante, trabajosa. Pero ya en el montaje vi que no habíamos cometido tantas equivocaciones como me temía. Gocé mucho en el montaje, viendo cómo el mundo de Donoso iba surgiendo en el cine.

P.: El público marplatense también lo gozó el año pasado.


S.C.:
Dada la importancia de Donoso, presentamos la película en el Teatro Municipal, que es como decir el Colón de ustedes. Por primera vez se daba cine en el Municipal, fue hasta el presidente de la nación, pintores, escritores... Después hizo buena carrera: pasó los 100.000 espectadores, que en Chile es muchísimo, vinieron los premios, y se empieza a estrenar en otros países. Eso es importante, porque me salió como un millón de dólares, aunque afuera la calculan en cuatro.

P.: ¿Y ahora?

S.C.:
Me volqué a otra cosa, algo ambientado en los años 20, «El pianista del silencio», historia muy especial de un pianista de cine mudo, un artista nato, inculto total, que descubre que Greta Garbo actúa mejor las noches que él está más inspirado. Se da entonces un amor platónico, y a la vez un amor real, con la hija del dueño de la sala. Será un gran saludo al cine, pero no porque se vayan a ver muchas películas, sino porque mi pianista es como esos cómicos poéticos del mudo, esos tipos de otro planeta, que no comprendían el mundo que los rodeaba, eran agredidos, pero seguían su vida. La iba a filmar antes de «Coronación», pero tuve problemas.

P.: ¿Qué problemas?

S.C.:
Estaba todo listo, y a último momento un coproductor mandó decir que iba a enviarnos su dinero más tarde, que mientras tanto nosotros ya fuéramos empezando. A un colega le hicieron lo mismo, y terminó hipotecando su casa. Prefiero lanzarme recién cuando estoy bien seguro. De otro modo, uno está trabajando y al mismo tiempo está pensando si le llega la plata a tiempo para seguir, dónde conseguirla, etc. No se puede estar con la cabeza fraccionada, es una cosa esquizoide, y al final sale una porquería. Además, ya desde que me meto a escribir yo vivo en el mundo de mis personajes, de mi película. En esos días, mi familia me odia. Mi señora me dice «Hoy tú eres Andresito», o, sino, «Ahora llegaste como Misia Elisa». Es atroz, porque para colmo hago los movimientos, estudio los gestos...Y no digo nada, un día estaba preparando un aviso comercial cuyos personajes eran bailarinas de ballet...hasta que descubrí que mis dos hijas me estaban mirando, totalmente aterradas.

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