1 de agosto 2002 - 00:00

Cálida versión del Oeste pucciniano

«La fanciulla del West». Opera de Giacomo Puccini. Con O. Romanko, D. Muñoz, L. Gaeta, R. Cassinelli, R. Yost y elenco. Regie: M. Lombardero; Esc.: T. Egurza; Vest.: L. Gutman; Coro: A. Balzanelli. Orquesta Estable del Teatro Colón, director: M. Perusso. (30/7, Teatro Colón, Func. de Gran Abono).

Afirma Kurt Pahlen que esta ópera «no es de un Puccini más flojo, sino de un Puccini nuevo», y también que « mucho antes de que el cine se apoderase del salvaje Oeste, lo hizo la novela. Y David Belasco, basándose en un título de Bret Harte, redactó una conmovedora obra de teatro que Puccini vio en un viaje a EE.UU.».

El compositor toscano escribió el primer «western» de la historia de la ópera, y tuvo a Enrico Caruso como protagonista, a Arturo Toscanini en el podio y a Tito Ricordi en la régie. Es decir, una avanzada del «spaghetti western» que retomaría el cine de los '70.

Justamente en esta puesta se recurre al lenguaje cinematográfico, en los «credits» de presentación del elenco, en la apertura de cada acto y en la palabra «Fin», con caracteres de principios de Siglo XX.

El «Saloon» es el típico que vimos en los films de Alan Ladd y de John Wayne, lo mismo que el vestuario, el mobiliario y hasta la resolución práctica de la escalera en la cabaña de Minnie. Por encima de todos los detalles, a los que debe sumarse el excelente diseño de iluminación, está la música de Puccini con su melodismo envolvente y algunos detalles sonoros para darle «color local» a la partitura, por caso, la canción acompañada por banjo.

Pasión contagiosa

Enamorado del autor, Mario Perusso dirigió con pasión y la transmitió a los músicos de la Estable, que tocaron con inusual entusiasmo y concentración, con la debida tensión y suspenso, y con una portentosa unidad y generosa sonoridad en los finales o en los momentos de intensidad dramática.

La «fanciulla» (muchachita) comenzó su labor tímidamente, pero de a poco se fue adueñando del escenario hasta lograr un protagonismo pleno: la soprano
Olga Romanko exhibió una voz caudalosa, bien timbrada y con buenas condiciones de actriz. El bandolero con tardía intención de regenerarse fue asumido por el tenor Daniel Muñoz (en lugar de Luis Lima, como estaba anunciado), y salió airoso del compromiso; tiene potentes agudos y algunas fisuras en el registro medio no empañaron la labor total.

Es notable la naturalidad de
Luis Gaeta en el papel del «sheriff» Jack Rance, y canta con autoridad. Están muy bien en sus personajes característicos los dos Ricardos, Yost y Cassinelli. Muy bien el coro masculino, tanto en el vals del primer acto como en la desaforada escena de la horca. Es bienvenido el ingreso de Marcelo Lombardero en el elenco de registas con verdadero talento y con ideas, que hacen lógica y convincente toda acción en el escenario. El personal técnico lo secundó muy bien en esta puesta en escena artísticamente seductora.

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