11 de junio 2001 - 00:00

Camerata italiana tuvo atractivos e imprecisiones

Es la orquesta más joven de Italia. Apadrinada por Ricardo Muti, rápidamente adquirió el status de «organismo de exportación», como lo prueba su primer contacto con el público argentino. Tiene un director de oficio, competente, atento a los detalles, preciso para dar las entradas, previa mirada de atención a cada uno de sus músicos, que son 40 aproximadamente.

El oboísta y el clarinetista son magistrales, y en los bronces no se escapó ni una sola Camerata italiana tuvo atractivos e imprecisiones fisura en toda la noche (lo que no siempre se puede decir, aun en orquestas más experimentadas); las cuerdas, bien, pero sospechamos que serían mucho mejores con un concertino más experimentado que Alberto Bologni.

La noche se abrió con la encantadora «Sinfonía concertante» en Mi Bemol Mayor K. 364 de Mozart, donde la orquesta hizo una labor merecedora de elogio por el equilibrio de los planos sonoros, los pizzicati rítmicos y el melodismo del Andante. En cuanto a los solistas -y sin caer en chauvinismos-, les podemos presentar a unos cuantos que tenemos por aquí y que lo harían mucho mejor. El violinista albanés Tedi Papavrami es impreciso en el fraseo, arco inseguro y sonido incisivo, mezquino en matices. Andoni Mercero toca la viola con habilidad, su enfoque superficial está lejos de la profundidad de esa partitura cargada de dolor y melancolía.

«Rendering» es un término que en castellano moderno se puede traducir como «reciclaje»; se trata de un minucioso trabajo de restauración realizado por el experimentado compositor Luciano Berio, nacido en 1925, uno de los principales vanguardistas italianos vivientes. En realidad, su trabajo es una alternancia entre los borradores de Franz Schubert para una Décima Sinfonía y las propias deducciones de Berio. Utiliza orquesta clásica e incluye la celesta en los procedimientos de fractalización del material; interesante para músicos, un poco denso para el público.

Excelente la presentación de los primeros pentagramas de la «Sinfonía inconclusa» de Schubert. Después vino una versión demasiado rápida de «Las bodas de Fígaro» de Mozart, y toda la italianidad de estos jóvenes toscanos afloró en un excitante Rossini, con la Obertura de «La italiana en Argel», que fue aplaudida de pie.

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