13 de octubre 2005 - 00:00
Casella: "No queríamos un show de folklore localista"
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Carlos Casella, integrante del grupo «El descueve», creó, dirige
y protagoniza «Guarania mía».
Periodista: ¿Este es su primer trabajo fuera de «El descueve»?
Carlos Casella: Es el primero que creo y dirijo en su totalidad, pero ya trabajé en otros montajes fuera de «El descueve». Hice uno para el IUNA (Instituto Universitario Nacional del Arte), fui colaborador coreográfico de Javier Daulte en «Nunca estuviste tan adorable» y de Alejandro Tantanián en «De protesta».
P.: ¿Cómo nació su interés por la música paraguaya?
C.C.: Por Rodolfo Prante. El nació en Asunción y vive acá desde hace diecisiete años. Nosotros nos conocemos desde hace mucho tiempo, egresamos juntos del taller de danza contemporánea del San Martín. Así que siempre estuve en contacto con la cultura paraguaya a través de él.
P.: Y de esa cultura eligió la música...
C.C.: La hebra que desenrosca el espectáculo tiene que ver con lo musical, sobre todo con «India», una guarania muy clásica de los años '50 que dice «bella mezcla de diosa y pantera/ doncella desnuda que habita el Guairá./ Arisca romanza curvó sus caderas copiando un recodo de azul Paraná».
P.: No tiene nada que envidiarle a «La garota de Ipanema»...
C.C.: Es una característica de los años '40 y '50, la incorporación de una fibra más exótica en la canción popular. En esa época, tanto el bolero como la guarania tuvieron orquestaciones de mucho despliegue. Estas canciones, por ejemplo, fueron embellecidas con arpa, violín y guitarra. Pero con el músico Diego Vainer nos ocupamos de distorsionar este universo sonoro. No queríamos un espectáculo de folklore paraguayo, la idea era incluir elementos más urbanos que generaran un contraste.
P.: ¿Y la estética?
C.C.: El vestuario y la escenografía proponen una abstracción de lo que sería la selva litoraleña. En la obra no hay nada que sea lineal o anecdótico, es un paisaje recreado desde lo teatral, lo visual y lo sonoro y dentro de ese delirio aparecen elementos de todo tipo, como King Kong, que de paraguayo no tiene nada. Es como si los personajes se fueran perdiendo en el imaginario de la selva y sus mitos.
P.: ¿Hay personajes dentro de la obra?
C.C.: Son personalidades más que personajes. Rodolfo es la figura central, mientras que Leticia y yo entramos y salimos de esa cultura que él recrea para generar otras cosas. Los dos armamos un interesante contraste entre lo masculino y femenino. También comparto un momento muy intenso con Rodolfo en el que nos convertimos en indias. Es una especie de transformismo, más abstracto, donde intentamos encarnar lo indígena tomando la imagen de una mujer.
P.: ¿Por qué una mujer?
C.C.: Las guaranias en general hablan de mujeres indias, casi siempre rodeadas de misterio o asociadas a la guerra y al martirio, como el caso de Anahí que es tratada como una heroína. En «India» la mujer es comparada con Eva. Pero, para mí lo selvático está muy relacionado con lo fantástico, como si entre esas ramas pudiera aparecer cualquier cosa.
P.: Eso suena a cuadro de Henri Rousseau...
C.C.: Vimos muchas pinturas suyas y también muchos cuadros de Gauguin, por sus mujeres y por los colores de su paleta. Hay mucha piel en el espectáculo, no digo que salgamos desnudos, pero estamos muy en cuero.
P.: ¿Rescataron alguna referencia etnográfica al menos?
C.C.: Tomamos el cliché del indio y ahí Rodolfo se ocupa de bajar la información más a tierra, la despega de ese «mareo» que provoca el espectáculo.Habla de los guaraníes, de su nomadismo, de la guerra de la Triple alianza y de sus sobrevivientes. Rodolfo habla guaraní y al principio nadie entiende lo que dice, pero avanzado el espectáculo él va explicando algunas cosas.
Entrevista de Patricia Espinosa




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