Casi sin argentinos, ayer se abrió ARCO

Espectáculos

Los Reyes de España inauguraron ayer la edición XXVI de ARCO, que los diarios españoles califican con optimismo como «la más internacional».

Con su nueva directora, Lourdes Fernández, y con el país invitado Corea del Sur, el primero de Asia que convocan a la feria, en los 23.000 metros cuadrados de Arco se exhiben las obras de más de 3.000 mil artistas y 271 galerías de 29 países, de las cuales 187 son extranjeras y 84 españolas.

En ARCO, según sus organizadores, hay precios para todos los bolsillos: desde los ocho millones de euros que cuesta un Bacon, la obra más cara de la feria, hasta los 150 euros de los grabados o dibujos de los artistas «emergentes», que dan sus primeros pasos en el mercado del arte, obras que debe incluir toda feria para alimentar la voracidad de nuevos compradores.

Hoy Latinoamérica está de moda, pero Argentina, que en 2010 será el país invitado, no ha logrado todavía insertar su arte en los circuitos internacionales, y el aislamiento que padecen los artistas se agudiza. La prueba es que sólo dos galerías argentinas participan de Arco, la feria de arte de Madrid que hasta ayer nomás era nuestra puerta de ingreso a Europa, frecuentada en los buenos tiempos por diversas galerías y hasta el Fondo de las Artes.

Las galerías que van a Arco son Ruth Benzacar, con casi todo su staff, y Daniel Abate que presentará al artista Sebastián de Ganay que reside en París. No todo es cuestión de dinero, pero es preciso asumir el riesgo empresarial de gastar alrededor de 50.000 euros para ingresar en las ferias importantes como Arco y Art Basel, o las inexploradas Frieze de Londres, Fiac de París y Art Cologne, donde el escasísimo arte argentino que hay lo venden galerías extranjeras.

En España, el gobierno de Felipe González decidió que para dejar de ser los parientes pobres de Europa, el arte era una de las áreas que merecía todo el apoyo. En pocos años se creó la ruta de los museos y la feria de Arco, subvencionada por el gobierno, y aunque los españoles no son grandes compradores de arte, las instituciones estatales se encargaron de armar sus colecciones. Arco privilegió el arte de EE.UU., Suiza o Gran Bretaña, que contribuyó a la conquista de status.

Algo similar ocurre con Brasil, y sus artistas ganaron espacio en el circuito internacional. Mientras el mundo da vueltas en un sentido, Argentina gira a la inversa.

A.M.Q.

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