9 de noviembre 2000 - 00:00

Cautiva la exótica obras de Helmut Kand

"Luna-Banana, cansada del verano". Intentamos una descripción: formas curvilíneas atravesando la superficie del cuadro en todas direcciones, originadas en la ornamentación del Jugendstil (el estilo joven de fines de 1800, una mezcla de art nouveau, medievalismo, fantasías vegetales, decorados), barquitos de papel en el mar, hojas de palmeras tropicales, veletas, bananas amarillas, violetas, azules. «El amor requiere la noche para respirar»: el mar visto desde diversos ángulos, siempre en espiral. Botes, barcos, las olas, a la manera de los grabados japoneses, las montañas, todo gira. Helmut Kand nació en Austria en 1946, vive alter-nativamente en Viena y en la isla griega de Yos, adonde llegó por primera vez en 1967; es el artista que ocupa las Salas 1 y 2 del Centro Cultural Recoleta y a las que inundó con una iconografía y colorido a los que no estamos acostumbrados, dada nuestra inclinación a ocres y grises.
Mundo exótico, fantástico, abigarrado, con imágenes en clara referencia al mar, sus profundidades vegetales y animales, captados por una lente submarina, rostros y figuras picassianos - Kand veneró Picasso desde su infancia-, revoloteando en casi todos los cuadros. En general, de pequeño tama-ño, colores exuberantes, horror a la línea recta y al «menos es más». Si la presencia de Picasso es un hecho, también lo es la de los vieneses Klimt (1862/1918), por la acumulación de ornamentos voluptuosos, el uso del dorado en ciertos detalles, su universo de sueños, y Hunderwasser (1928) por su sensualidad, por los colores opulentos e intensos (son notables los azules, suponemos por la influencia del Egeo) así como los títulos que encierran una historia en sí mismos.
«Viaje de ensueño y eco multicolor, surrealismo poético» clausura el 12 de noviembre.

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