16 de febrero 2005 - 00:00

Cautivantes reflexiones de un artista plástico

Cautivantes reflexiones de un artista plástico
John Berger «Un pintor de hoy» (Bs.As., Alfaguara, 2005, 311 págs.)

John Berger escribió esta novela cuando ya había abandonado la pintura y empezaba a ganarse la vida como crítico de arte. Tiempo más tarde, fue consolidándose como ensayista, poeta y guionista de cine y televisión. Enamorado de la vida campestre cuyos valores, conflictos y dificultades narró en la fascinante trilogía «De sus fatigas» (integrada por «Puerca tierra», «Una vez en Europa» y «Lila y Flag»), decidió fijar su residencia en un pueblito rural de la Alta Saboya (Francia), donde aún sigue afincado.

Esa misma coherencia entre pensamiento y acción se refleja en «Un pintor de hoy», su primer libro de ficción editado por primera vez en 1958. Se trata de una narración a dos voces que incluye un diario de artista (el del pintor húngaro Janos Lavin) y las anotaciones que su amigo John (un crítico de arte) agrega poco después de la misteriosa desaparición de Janos.

Sin duda Berger recurrió a su propia experiencia como artista plástico y a su intensa vinculación con el mundillo del arte para componer el delicado universo en el que se mueve este creador. Cada anotación de su diario permite captar todos los sueños, preocupaciones y luchas internas que experimenta un pintor en actividad. Pero a la vez la novela desarrolla una sutil intriga en la que poco a poco se van descubriendo los motivos que llevaron a este artista a abandonar

Londres en plena consagración. Todos los incidentes de su vida privada (su difícil inserción en el circuito artístico londinense, la culpa por haber huído de su Hungría natal dejando atrás a sus compañeros de lucha) son registrados por John con la lucidez de un testigo privilegiado. La acción transcurre a fines de los años '50, pero la amplia perspectiva con que el autor analiza la vida de Janos y la de su entorno, trasciende el contexto político de aquellos años. Hoy suena increíble que una novelade semejante calidad haya sido boicoteadasin piedad por los críticos ingleses. Pero considerando que el libro salió a la luz en plena Guerra Fría, es obvio que fue víctima de una aberrante simplificación política e ideológica. En lugar de conectarse con el drama vital y las exquisitas reflexiones de un pintor -cuya condición de exiliado es más una metáfora que un avatar político-, la novela solo pudo ser leída como una encubierta apología del régimen comunista que dominaba en aquel entonces a la Europa del Este. Felizmente, el paso del tiempo ha borrado este fatal malentendido, recuperando así un texto de óptimo nivel.

«Un pintor de hoy»
cuenta además con dos personajes centrales, tan verosímiles, que Berger debió aclarar en un epílogo incluido en 1988, que Janos nunca había existido y que el crítico amigo, a pesar de llamarse John como el autor del libro, no era más que su alter ego literario.

Patricia Espinosa

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