5 de julio 2005 - 00:00

Cedrón: ahora Homero Manzi

Juan «Tata» Cedrón (voz, guitarra). Con F.Traine y C.Martínez (guitarras). Apertura: Vale Tango, E.Riera y Ballet de S. Grill. ( Madero Tango; 1 de julio; repite el 8/7).

Con seguidores incondicionales y público que no termina de aceptar su estilo heterodoxo, el «Tata» Cedrón sigue siendo un aire fresco en medio de la escasez de originalidad que caracteriza también al ámbito tanguero. Es cierto que su personal manera de componer y de cantar, con su tradicional cuarteto pero también con otras formaciones, quedó plasmada hace ya mucho tiempo, cuando comenzó a adquirir cierta popularidad por sus musicalizaciones de poemas de Juan Gelman y Raúl González Tuñón. Pero el haberse mantenido fiel a su manera -con algunas escapadas hacia la orquesta típica que es, a nuestro criterio, lo menos interesante de su trabajo- lo coloca en un lugar de referencia indiscutida; aún para quienes no disfrutan plenamente de su estilo. Mientras todavía está muy fresco el recuerdo del lanzamiento de su último disco, «Piove en Buenos Aires», que presentó en el teatro ND/Ateneo, el «Tata» se olvidó del marketing y subió al escenario de Madero Tango para presentar una nueva serie de musicalizaciones, en este caso sobre poesías inéditas de Homero Manzi que le entregara su amigo, el hijo del gran poeta Acho Manzi. El nuevo local tanguero de Puerto Madero continuó en parte con su rutina habitual de show internacional, en este caso con la actuación de la orquesta Vale Tango, el cantor Esteban Riera y el grupo de baile dirigido por Silvana Grill. Y ésa no fue, seguramente, la mejor introducción para un estilo y un repertorio como el que ofreció Cedrón. Pero, haciendo abstracción de eso y de algunos problemas de sonido en los lugares más alejados del escenario, el músico ofreció, para ir degustando de a poco, una serie de maravillas escritas por Homero, casi todas con un cierto aire rural. Piezas como «En un corralón de Barracas», «Mala estrella», «Matungo», «Tiempo y huella» o «Palabras sin importancia» quedaron plasmadas, ahora con música, y pasarán a integrar un futuro trabajo del compositor/cantor. Siempre con el acompañamiento tradicional de las guitarras de Felipe Traine y Carlos Martínez, el «Tata» dejó en este caso de lado a Gelman, Tuñón y Cortazar y sumó temas como el imponente «Bandera baja/Ella se reía» de Cadícamo que musicalizó hace ya tiempo, «El último organito», «Chiche, moro, zaino» y «Ninguna», en un recorrido que remitió a los primeros años musicales del siglo XX.

R.S.

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