27 de junio 2006 - 00:00
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Una de las 300.000 obras que alberga el Museo Quai Branly, consagrado a la diversidad de las culturas de Oceanía, Asia, Africa y América, y que inauguró personalmente el presidente francés.
«Quizás hay un poco de retraso, sí. Habrá mil reservas y durante tres meses se irán poniendo cositas», pero «lo esencial ya está»,sexplicó el artista, quien celebró haber podido «hacerlo todo», de la arquitectura y el diseño interior a la espléndida terraza, «decorada» con la vecina torre Eiffel.
«Puesto que quisieron que se abra, se abre», agregó el arquitecto, ya elogiado por la tremenda originalidad -por su supuesto no exenta de polémica- de su nueva creación, así como por la de muchas otras, como el Instituto del Mundo rabe, su primer museo parisiense dedicado a una cultura no occidental y situado también junto al río Sena.
De los grandes retos que supuso para él este encargo presidencial, Nouvel citó, en primer lugar, el lograr «existir» en el centro de París, con un museo al que destinó 40.000 metros cuadrados, sobre un jardín de 18.000 metros cuadrados, que cuenta con un auditorio con 500 plazas, una sala de proyección de 105 y una mediateca, entre otros espacios y actividades.
El segundo desafío fue «conseguir hablar de cuatro civilizaciones, crear un territorio de acogida para ellas».
«Luego -destacó-, la verdadera dificultad es el espíritu de esta galería», donde se encuentra la «zona de referencia» que acoge las obras, dominada por colores pardos, granates, marrones, negros y marinos, «trabajar en torno a una colección de 300.000 objetos, de los que se muestran 4.000, y conseguir que haya un ambiente de respeto y de poesía, a la vez que se define ese territorio del otro».
Sin que esto suponga «únicamente la reproducción de un edificio funcional», destinado a acoger un conjunto de obras. «Eso es muy complicado», recalcó.
«Si hubiésemos sido razonables, habríamos podido tomar algunos meses más y habríamos conseguido estar un poco mejor, pero tampoco habríamos estado perfectos». Abrir un edificio «es siempre» delicado, aseguró.




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