El fantasma de Pasolini en las calles de Ituzaingó

Espectáculos

Su nuevo opus es consecuente con la realización de "un cine de poesía y no de prosa", como deseaba el artista de "Accattone" y "Mamma Roma".

Raúl Perrone, el cineasta más radicalmente independiente que tiene el país, estrena hoy su opus 62, “Corsario”, en la plataforma de Cine.Ar. Y aclara, en el diálogo con este diario: “no en Cine.Ar televisión sino en la plataforma, porque es un estreno por fuera del Incaa ya que yo no cobro subsidios, es un estreno independiente. Después tal vez vaya a Cine.Ar televisión, pero no ahora”.

“Corsario” cierra una trilogía que Perrone le consagró al director que más lo inspira, el italiano Pier Paolo Pasolini. Y llama ‘Poema’ y no película a “Corsario”, que describe a un Pasolini que busca un casting entre los “ragazzi di vita” de Ituzaingó. En sus textos teóricos, Pasolini diferenciaba un cine de prosa de un cine de poesía, dirección a la que también apunta Perrone.

“Hace mucho que ya no uso la expresión ‘una película de Raúl Perrone’, pongo simplemente ‘por Perrone’, como si fuera un dibujo, como si volviera al dibujo. Pasolini representa mucho del cine silente que yo amo. Lo que intenté en esta película es una carta a Pasolini, porque lo hago aparecer fantasmalmente en Ituzaingó a través de una persona que se le parece mucho, haciéndolo interactuar con chicas que son chicos, como son un poco ahora las generaciones. Creo que a Pasolini le habría gustado mucho poderlos conocer. De ahí también nació lo de ‘poema’ Y también porque la película tiene poemas de Dylan Thomas, o el hermoso poema de Verlaine al que lo hago repetir tres veces en italiano. Y también Caravaggio, que es muy importante en mi cine por sus cuadros, por sus claroscuros. Entonces hay un conjunto de cosas que me han llevado a denominar la película un ‘poema’.

“A mí me gustan mucho las primeras películas de Pasolini”, recuerda Perrone. “‘Accattone’, ‘Mamma Roma’, que vi de chico. Lo que hizo después, incluyendo “Saló”, no me interesó demasiado, pero sí reivindico la figura de Pasolini, a quien no se valoró lo suficiente. Recién ahora se lo empieza a reconsiderar un poco más, en especial por sus escritos. Pasolini fue un artista único, total. No es la primera vez que yo le rindo un homenaje, ya en “P3ND3JO5”, de 2013, en el final incluí un poema de él. Al año siguiente hice “Ragazzi”, donde imaginé cómo pudo haber sido ese último día, el del asesinato, pero desde la mirada del pibe. Es una licencia poética que me tomé. En este caso mucho más, por eso volvemos a lo del poema. Es una licencia donde yo pongo a Pasolini haciendo un casting, pero al no encontrar lo que él necesita sale a la calle a buscarlo. No hay ni violencia ni nada de eso”.

El cine de Perrone fue repetidas veces englobado en un movimiento, ya extinto, que se llamó “Nuevo cine argentino”, encasillamiento que al “Robinson Crusoe de Ituzaingó” no le gustó nunca.

“Jamás me sentí parte de ese movimiento. Empecé antes, en 1993, con ‘Labios de churrasco’. Y en aquel momento yo decía, quizá un poco enojado con el mundo, que por haber ido demasiado rápido llegué tarde, porque creo que todo ese gran esfuerzo que hice, de hasta estrenar en VHS si era necesario, después fue tomado por otra gente a la que se le dio mucha más importancia de la que me dieron a mí en aquel momento. Pero el tiempo colocó las cosas en su lugar, porque yo no me he corrido un solo metro del lugar desde donde empecé, y he llegado por las mías a lugares a los que otros no llegaron jamás. Me han dedicado retrospectivas en casi toda Latinoamérica, tuve el honor de que la Viennale, el festival vienés, me dedicara un tributo al que no llegó ningún otro director latinoamericano. La Universidad de Oxford me consagró varios foros, la Cinemateca de México me hizo dos retrospectivas, y sin que haya estado yo presente porque no he viajado a ninguno de esos festivales. Siempre vía Skype, como está de moda ahora, porque yo no viajo en avión. Hasta me han tratado mal por ser prolífico, lo mismo de lo que lo acusaban a Fassbinder. Para algunos hacer tres películas cada 15 años es algo bueno, pero hacer tres por año es malo”.

“Corsario” se filmó con “cámara estenopeica”, un equipo sin lente que genera imágenes de forma casera por medio de material fotosensible, y que requiere la luz del sol. Los resultados tienen una textura muy particular. “Siempre quise hacerlo”, asegura Perrone. “En cámaras analógicas era más común pero no en digitales. Por eso hablé con un amigo fotógrafo, le propuse armar un ‘estenopo’, una cámara que no tiene foco ni lente. Agarró la tapita de la cámara digital, le hizo un agujero, muchas pruebas. Fue un trabajo arduo para poder lograr una imagen interesante. Hay escenas con muchísimo foco y una textura muy hermosa”.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Dejá tu comentario