22 de julio 2005 - 00:00

Clint Eastwood y su Oscar

Clint Eastwood y su Oscar
Desde «Carne y espíritu» a «El luchador», el boxeo, más que cualquier otro deporte, inspiró a Hollywood películas inolvidables. «Million dollar baby», el film de Clint Eastwood ganador del Oscar, puede aspirar sin esfuerzos a esa condición. Con un título proveniente de una famosa canción de los años '30 que popularizó Bing Crosby (hablaba de una gran dama a la que un hombre conoce en un negocio de baratijas), el film no es, sin embargo, la arquetípica película de boxeo. Su espíritu, su delicado intimismo e, inclusive, su pudor, están mucho más cerca de «Los puentes de Madison» que, por ejemplo, de «La caída de un ídolo», y no sólo por el hecho de que quien se enfunda los guantes sea una mujer y no algún famoso y malogrado toro salvaje. El boxeo es sólo el medio, el pretexto del que se vale la historia para narrar una sólida y emotiva relación entre un hombre viejo y una muchacha, que funciona a la manera de un vínculo paterno-filial, relación tan fugaz como accidentada, que se transmuta en las figuras del entrenador (un luminoso Eastwood) y la luchadora inexperta pero de golpe certero (Hilary Swank). Esa relación está triangulada en el personaje del mejor amigo del entrenador, un ex boxeador (Morgan Freeman) que representa mucho más que el llamado a la realidad cuando advierte, en ellos, obstinaciones y conductas que amenazan con extraviarlos de las puras metas profesionales. La arraigada religiosidad de Eastwood, más manifiesta aquí que nunca, es el sostén de una de sus mejores películas, si no la mejor.

M.Z.

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