31 de agosto 2005 - 00:00

Coetzee reinventa a Robinson Crusoe

J.M. Coetzee, «Foe» (Bs.As., Mondadori, 2005, 153 págs.)

" La historia que quiero que se dé a conocer es la historia de la isla"
, le dice Susan Barton a Daniel Defoe, reclamándole que escriba su aventura junto a Robinson Crusoe y Viernes, y agrega «tomada en su conjunto es una narración con un principio y un final, que incluye también amenas disgreciones, y a la que sólo le falta una parte central variada y con entidad propia. Una vez usted me propuso que inventáramos caníbales o piratas, pero yo no quise aceptar porque era traicionar la verdad». Susan Barton se rebela ante el escritor, no quiere quedar como mero testigo de un conjunto de experiencias de vida, tiene cosas que decir, cree que le ha ocurrido algo valioso, que merece ser compartido y tener la perduración de la palabra escrita.

Hace unos veinte años algunos pudieron ya deslumbrarse al leer ésta nueva versión de la historia de Robinson Crusoe que escribió el hoy Premio Nobel, J.M. Coetzee, que utiliza como narrador a una mujer que buscando a su hija raptada en América, luego de un amotionamiento en un barco, termina en una isla y convive durante un año con el legendario naúfrago creado por Daniel Defoe. Algunos lectores, posiblemente, hayan comparado ésta reescritura con la realizada por el escritor francés Michel Tournier, por la misma época, en «Viernes o los limbos del Pacífico», donde la exaltación del mundo civilizado se contrasta con la impulsividad de Viernes, que hace fracasar todas las previsiones.

El recurso de Coetzee parece de una enorme sencillez. Crea un personaje para hablar de otro, famoso, ya instalado en la historia de la literatura. Pero como dice la protagonista, lo que importan son «las amenas digresiones», que en este caso le sirven a escritor sudafricano para discurrir sobre la literatura, reflexionar sobre el lenguaje y el acto creador, comentar sobre verdad y mentira en el acto narrativo («en la vida aceptamos cosas que en la ficción consideraríamos inaceptables», dice Susan Burton), sobre la memoria y el olvido, sobre las fronteras entre civilización y barbarie, y de la seducción de la barbarie, de un modo que recuerda a la fascinación de Borges por ese mismo tema. La sencillez que parece estar amparada por el fluir del relato, es, por tanto, engañosa. Coetzee fusiona en esta novela, como en otras suyas, ficción y ensayo, pasa con maestría del monólogo descriptivo a la narración epistolar y, sobre todo, hace evolucionar a sus personajes. que son agónicos, fracasados, y que ya no les importa en su aislamiento recuperar la civilización perdida.

M.S.

Dejá tu comentario

Te puede interesar