1 de noviembre 2001 - 00:00

Colón: renuncia y desconcierto

Este concierto se realizó el mismo día en que renunció Reinaldo Censabella al cargo de Director Musical del Teatro Colón, después de esperar ocho meses para cobrar su sueldo y ante las inciertas condiciones de continuidad de nuestro primer coliseo, privando al Teatro de una figura fundamental para su funcionamiento.

No se sabe si por el cimbronazo de esa renuncia o alguna otra razón jamás explicada, en lugar del anunciado estreno de la Sinfonía «Verrá la morte....» para barítono y orquesta de cámara, de Valdo Sciamarella, se ofreció la Sinfonía Nº 14 Op. 135 que en 1969 compusiera el ruso Dimitri Shostakovich. Alejada de sus monumentales creaciones sinfónicas, se desarrolla en 11 movimientos, donde nos encontramos con los habituales procedimientos del autor, al punto que parecía una reducción de esa «Lady Macbeth de Msenk» que nos deslumbró al principio de esta temporada.

Se sabe que los textos fueron tomados de García Lorca, Guillaume Apollinaire, Kuchelbecker y también de Rilke. Seguramente serían muy interesantes, y hubiera ayudado mucho a su apreciación una traducción en el programa o simultánea -como se hizo con el «Réquiem» de Verdi-que nos fue negada, tal vez por ajuste, quién sabe. A pesar de los esfuerzos de músicos y director, de la espléndida voz de Adriana Mastrángelo y la fuerza del bajo Ricardo Yost, la obra no llegó a interesar y es fácilmente olvidable.

En cambio, quedará para el recuerdo la estupenda actuación de Mariano Rey en el Concierto en La Mayor para clarinete y orquesta K. 622, una de las últimas creaciones de Mozart, en la que el músico marplatense lució su musicalidad; hizo un «Adagio» conmovedor y en toda la obra fue atrapante tanto su sonido como una delicada percepción del carácter mozartiano de ese período final de su vida. Fue un triunfo, que rubricó con un «bis» camarístico: con los primeros atriles de cuerda ofrecieron el final del Quinteto de Carl María von Weber, con pasajes de virtuosismo para el clarinete, que Mariano Rey supera con autoridad. Como primera obra se ejecutó una rutinaria versión de la Sinfonía Nº 36 en Do Mayor K. 425 «Linz», también de Mozart.

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