Berlín (EFE)- La comedia «Mi Führer: La verdad más verdadera sobre Adolf Hitler», dirigida por el director judío de origen suizo Dani Levy, divide Alemania días antes de estrenarse, entre los que creen que banaliza la barbarie nazi y los que consideran llegado el momento de reírse del Tercer Reich.
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Hoy se estrena esta sátira sobre el dictador austríaco en Essen, y el jueves saldrá a las pantallas de todo el país, pero ya arrecian las críticas en contra de la parodia de un Hitler que hunde barquitos de guerra en la bañera, tiene problemas de erección con Eva Braun y casi provoca compasión, sabedor de que su proyecto del Tercer Reich ha fracasado.
«No creo posible convertir a Hitler en un hazmerreír, a no ser que seas un genio como Charlie Chaplin», dijo este fin de semana Lea Rosh, promotora del monumento a las víctimas del Holocausto en Berlín, en referencia a «El Gran Dictador», la parodia que Chaplin dirigió y protagonizó en 1940.
Para el columnista Henryk M. Broder semanario «Spiegel», por su parte, la comedia de Levy consta de dos caras, una absurda y otra moral, «un equilibrio que no es capaz de mantener siquiera el personaje del Führer», y que no miente cuando promete un imposible como ser «la verdad más verdadera sobre Adolf Hitler».
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