3 de abril 2008 - 00:00

Comedia sin mayor gracia y agudeza

Billy Bob Thornton encarna a la figura más interesante de «Enemigo en casa» con su habitual inexpresividad del que está por encima de todo.
Billy Bob Thornton encarna a la figura más interesante de «Enemigo en casa» con su habitual inexpresividad del que está por encima de todo.
«Enemigo en casa» (Mr. Woodcock, EE.UU., 2007, habl. en inglés). Dir.: C. Gillespie. Guión: M. Carnes, J. Gilbert. Int.: S.W. Scott, B.B. Thornton, S. Sarandon, A.Phoeler, K. Balaridge, M. Sagemiller, E. Suplee.

Lejanos están los tiempos en que don Segundo Sombra despertaba a su ahijado de un rebencazo, para que se hiciera hombre, la señorita Paglilla, con envidiable puntería, les tiraba regios tizazos a los alumnos distraídos, y el profesor Yancovich, con una varita arrancada de cualquier arbusto, le fajaba un estimulante chirlazo en las piernas a cualquier alumno que estuviera pensando en soltar la barra y dejarse caer, incapaz de hacer las reglamentarias diez flexiones seguidas de brazos que de él esperaban tanto el profesor como las compañeras de división que espiaban de lejos a los muchachos.

«Hágase fuerte, muchacho», decía el viejo. «Háganse fuertes», dice en esta comedia el señor Woodcock, profesor de gimnasia, seco, derecho, y terminante, mientras le tira pelotazos a un chico obligado a correr para que se le mejore el asma. Lejanos tiempos, viejos y entrañables («la letra con sangre entra») métodos pedagógicos hoy cuestionados, aunque esta película, filmada en California como si fuera Nebraska, termina simpatizando con el singular docente. A fin de cuentas, al pibe se le curó el asma (es una película, claro, no vaya uno a aplicar ese método sin consulta previa).

Woodcock es la figura interesante de la historia, y Billy Bob Thornton la encarna con su habitual y más expresiva inexpresividad de tipo que está por encima de todo. Su antagonista es un joven de cara desencajada, hoy exitoso autor de un libro de autoayuda, pero otrora gordito fofo públicamente verdugueado por el profesor, que le decía «eres una deshonra para los niños gordos, gelatinosos y desacomodados del mundo», y otros elogios similares, a ver si por amor propio el chico hacía aunque sea una sola flexión. Ahora este joven exitoso va a recibir el homenaje de su ciudad natal, y, oh sorpresa, en el mismo acto también será homenajeado el nuevo novio de su madre, que, oh sorpresa de nuevo, se trata nada menos que del antedicho profesor.

Dos criterios educativos se confrontan, dos personas que quieren la felicidad de la misma mujer se enfrentan, dos tipos se dan la biaba, y a lo mejor se entienden. Lástima que la comedia se desarrolle sin mayor gracia ni agudeza. Y que no hayamos estado presentesaquella vez, cuando un ex alumno pretendió llevarse por delante al ya jubilado profesor Yancovich, y terminó en el suelo.

A señalar, Amy Phoeler, en rol de agente literaria alcohólica, dominadora, y que ni siquiera se tomó la molestia de leer el libro de su cliente. Toda una ejecutiva moderna.

P.S.

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