26 de agosto 2004 - 00:00

Comedia romántica leve y amable

Pierce Brosnan hace lo de siempre y Julianne Moore luce sus dotes para la comedia en «Las reglas de la seducción», un film que pudo ser realmente bueno y termina siendo sólo un pasatiempo amable.
Pierce Brosnan hace lo de siempre y Julianne Moore luce sus dotes para la comedia en «Las reglas de la seducción», un film que pudo ser realmente bueno y termina siendo sólo un pasatiempo amable.
«Las reglas de la seducción» (Laws of atraction, EE.UU., 2004, habl. en inglés). Dir.: P. Hewitt. Guión: A. Brosh McKenna, R. Harlines. Int.: P. Brosnan, J. Moore, M. Sheen, P. Posey, F. Fischer, N. Dunn, M. Doyle.

Apreciada en «Magnolia» y «Las Ahoras», Julianne Moore luce aquí sus dotes para la comedia romántica, encarnando graciosamente a una abogada divorcista muy fina y estructurada, que siente cómo se le arruga el almidón cuando cae en las trampas del abogado de la parte contraria, un colega medio chanta pero muy seductor.

Como corresponde, sólo uno ganará el juicio en Tribunales. Pero los dos perderán el juicio en la cama, al punto de casarse entre ellos vía Irlanda (a donde irán a ver un castillo y seguir un tour de mamuas étnicas que empezaron en una bodeguita cubana), hasta que viene la pelea de fondo, y él representa a la demandante, una loca de atar, y ella al demandado, un rockero todavía más loco y contento de serlo, estilo Norman Briski cuando era joven. A señalar, también, una madre linda, elegante, bastante metida pero sólo para bien (algo que pasa únicamente en las películas).

Pequeño detalle: el abogado será medio chanta y ordinario, pero como esto va dirigido primordialmente al público femenino, no se trata de un grasa cualunque, sino de un tipo suelto, encantador, cuyo estudiadísimo desaliño sólo requiere una mano de mujer, para convertirse directamente en elegancia. Digamos, el personaje típico de Pierce Brosnan. Y pare de contar, porque desgraciadamente a la mitad ya se pincha todo.

Dicho de otra forma: una comedia que pudo ser realmente buena y es apenas amable, con muy buenos títulos de comienzo, diálogos ingeniosos (al comienzo), lindas vistas de Nueva York (al comienzo) e Irlanda (casi al final), y muchísimos planos cercanos de Brosnan y Moore (casi todo el tiempo), ideal si está lloviendo afuera del shopping.

A propósito, por alguna razón, ella se lo pasa viendo el Wheather Channel. De cambiar a un canal de películas viejas, capaz que encontraba «Casados y descasados», que seguramente alguno de los libretistas vio cuando chico. Lástima que en este caso su recuerdo ha sido tan mal aplicado y poco confiable como el de cualquier pronóstico meteorológico.

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