13 de febrero 2003 - 00:00

Cómo ser narcisista con ingenio y estilo

Cómo ser narcisista con ingenio y estilo
«El ladrón de orquídeas» («Adaptation», EE.UU., 2002, habl. en inglés). Dir.: S. Jonze. G.: Ch. Kaufman. Int.: N. Cage, M. Streep, C. Cooper, T. Twinton y otros.

Entre los distintos cuentos de hadas para adultos que difundió la cultura de autoyuda, están aquellos que impulsan a sacar prove-cho de las propias limitaciones o imposibilidades. Esta película es la puesta en escena de esa ilusión. Terapéutica a su manera, enseña a transformar el colesterol malo en bueno. Y si no en bueno, al menos en redituable.

Se ha dicho que su guionista, Charlie Kaufman («¿Quieres ser John Malkovich?»), recibió el encargo, en la vida real, de llevar a la pantalla la novela de Susan Orlean llamada, justamente, «El ladrón de orquídeas» (la película en su original se titula «Adaptación»). Pero, al cabo de más de dos meses de bloqueo, tras haber firmado contrato y con la fecha de entrega encima, concluyó que el libro era inadaptable: demasiados monólogos interiores, una trama mínima, etc.

• Acto desesperado

Antes que presentarse con las manos vacías, Kaufman resolvió, en la desesperación, darle un giro al asunto: decidió dramatizar lo que le ocurría, es decir, su propia frustración ante la tarea, y escribió un guión a las apuradas que lo llevaba a él mismo como personaje, al igual que a Susan Orlean y a sus empleadores del estudio de producción; lo entreveró con algunos pasajes de la novela indócil, se inventó un hermano gemelo menos escrupuloso que él (o que la imagen que da de él), y hasta se retrató espiando en el set de rodaje de «¿Quieres ser John Malkovich?».

Cuentan, también, que en el estudio enloquecieron de alegría con esa idea. Si, como decían «Les Luthiers», «en este circo tenemos los enanos más grandes del mundo», Hollywood puede jactarse ahora de tener al adaptador frustrado más narcisista de la tierra. Desde luego, en la medida en que uno se crea todo esto. El resultado es una película cuyo primer logro está a la vista: persuadir al público de las películas de Julia Roberts o de Kevin Costner que el «cine arte» puede ser algo más que esa cosa aburrida y complicada de la que hablan los snobs. Ese sería, además, el segundo cuento de hadas, porque «El ladrón de orquídeas» no lleva sólo a Nicolas Cage y Meryl Streep como estrellas rutilantes, sino que los mimos que recibió en los Globos de Oro y las nominaciones al Oscar a sus protagonistas garantizan la bienvenida que le ha dado la industria a este divertimento más o menos caprichoso, pero convencional.

Allí están entonces Cage por dos (Kaufman y su hermano gemelo), Streep por dos (Orlean y el personaje de la novela, una periodista que es ella misma, cuando entrevistó para el «New Yorker» a un excéntrico cultivador de la Florida cuyo único objetivo en la vida era encontrar la «Orquídea Madre», artículo que le inspiró la novela), y está también Chris Cooper, que interpreta a ese ladrón de flores y que termina siendo el personaje más atractivo del film (es el actor que interpretaba al coronel reprimido en «Belleza americana»).Dirigida también por el realizador de «...Malkovich», Spike Jonze, la película no deja de ser ingeniosa aunque nunca alcance el mismo nivel de entretenimiento que aquélla. Los juegos entre realidad y ficción (que ya habían sido inventados en la época del cine mudo) funcionan muy bien hasta casi la mitad, pero se vuelven un tanto monótonos más tarde y sobre todo en un largo final que desbarranca. Y, por último, queda un cierto sinsabor: por lo que puede intuirse, seguramente habría sido mucho mejor que Kaufman hubiese logrado adaptar la novela. Su tema parece mucho más interesante que esta resolución juguetona y amablemente superficial.

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