«Sudeste» (Argentina, 2002, habl. en español). Dir.: S. Bellotti. Guión: D. Guebel. S. Bellotti, sobre novela de H. Conti. Int.: J. Locatelli, L. Ziembrowsky, C. Escobar. B. Perco, O. Núñez, E. Gonzáles, M. Paolucci.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Doble desafío cumple Sergio Bellotti en su segunda película: llevar al cine una novela engañosamente cinematográfica, y además rodarla de forma engañosamente simple. La novela habla de un joven frente a la madurez de la vida, entre las islas del delta, y la película se filmó en ese mismo delta, más precisamente a fines del 2001, con todas las dificultades imaginables, lo que, de algún modo, se nota en el resultado.
Esta es la historia. El viejo ha muerto, y al muchacho le toca llevarlo aguas arriba, y despedirlo. Vagando sin certeza, decide restaurar un barquito, el Aleluya, tarea dificultada por la sucesiva aparición de otro joven medio tonto, aunque parece saber algunas cosas, y un asaltante malherido, que busca refugio en esos lugares, tan cerca y al mismo tiempo tan lejos de la gran ciudad.
Los personajes llevan nombres emblemáticos: el Boga, el Viejo, el Cabecita, el Pampa (que en la novela era sólo «el hombre», un desconocido poco confiable, quizás envidiable). Hay otros, incluyendo un traidor y alguna mujer circunstancial. Y está el río, siempre presente, siempre marrón, calmo y callado casi siempre, generoso tan sólo con quienes lo conocen y respetan.
La falsa calma del río define a sus pobladores, y define también el estilo del relato, despacioso, abierto y escondedor al mismo tiempo. Impresionan la sensación de lo palpable, la llanura del tempo, la parsimonia de algunos gestos, y hasta la restricción de imágenes postales, aunque se haya filmado en primavera.
Prácticamente no hay flores. Lo único que aflora cada tanto, breve y contundente, es la violencia.A destacar, en ese sentido,la escena del ajuste de cuentascon el traidor, donde además coinciden los dos únicos actores profesionales de la película: el agrestiano Mario Paolucci, y el exaltado Luis Ziembrowsky, que siempre hace de malo, tanto en cine como en TV, en Chile como Argentina. El resto, empezando por el protagonista Javier Locatelli, son gente de la zona, o apenas un poco más lejos. Sólo ellos habrían podido darle al film el aire de verosimilitud que corresponde, y que permite a Bellotti hablar de «un viaje iniciatico, en un paisaje monosilábico y cargado de cierto fatalismo», una frase bien precisa, aunque no se la pueda tildar de vendedora.
Para mayor ilustración, conviene recordar su película anterior, «Tesoro mío», donde, en otro ambiente, también pesaban la costa, las malas relaciones, y la tentación del dinero mal habido, junto a la inteligencia para contar esas y otras cosas con el menor gasto posible. P.S.
Dejá tu comentario