4 de octubre 2005 - 00:00

Con moderado optimismo se cierra Argencine en Madrid

Alberto de Mendoza fue uno de los siete actores argentinos que viven o trabajan en España homenajeados por la Comunidad de Madrid.
Alberto de Mendoza fue uno de los siete actores argentinos que viven o trabajan en España homenajeados por la Comunidad de Madrid.
Madrid - Atendibles resultados y clima moderadamente triunfal logró finalmente la muestra Argencine 2005, que hoy termina en Madrid. La movida, destinada a reforzar vínculos entre las dos principales cinematografías hispanohablantes, para que ambas se respalden mutuamente, tuvo además la suerte de realizarse en el momento preciso, ya que cada una parece haber logrado, en primer término, el respaldo de su propio público, al menos por este fin de semana.

En Buenos Aires, «El aura», «Tiempo de valientes» e «Iluminados por el fuego» se alzaron con los tres primeros puestos de la taquilla del jueves, día de estrenos y recambios, y «Elsa & Fred» con el sexto, y eso que ya lleva nueve semanas en cartel. Nunca había ocurrido algo semejante, ni siquiera cuando el famoso boom del cine argentino de 1974, donde hubo títulos como «La tregua», «La Patagonia rebelde» y «La Mary».

También los españoles encabezaron la taquilla el día de estreno, con la comedia «Torrente 3», seguida más de lejos por «Obaba» (candidata española al Oscar) y «Princesas», una comedia dramática sobre la prostitución. Aunque sean triunfos pasajeros, nada pobres, la noticia alentó a los defensores del cine hispanohablante y la excepción cultural, concepto este último inventado por los franceses para enfrentar al show-bussines americano, según recordaba Carmelo Romero, figura de peso en la administración cultural española, al presentar la obra de Jorge Coscia, «Del estallido a la esperanza», en la mítica editorial y librería Ocho y medio. Quizá también sea el camino para que los españoles conozcan de paso a Arturo Jauretche y Raúl Scalabrini Ortiz, que el autor asume públicamente como guías.

Luego continuó la buena marcha de la muestra de cine en el Palafox, donde el público es mayormente español, lo que constituye un buen dato, y el homenaje de la Comunidad de Madrid a siete actores argentinos que trabajan por aquellos lares, desde Analía Gadé, que llegó en 1956, hasta Leonardo Sbaraglia, premio Goya 2002 al actor revelación en España, pasando por Alberto de Mendoza, Cecilia Roth, Héctor Alterio, Miguel Angel Solá y Federico Luppi.

«Todos estos artistas trabajaron conmigo»,
recordaba el director y productor Héctor Olivera en un aparte. «Aun más, por lo menos cuatro de ellos tuvieron su primera consagración en una película del sello Aries, que ayudó a abrirles las puertas de España». El acto se cumplió en el imponente edificio El Aguila (originalmente una fábrica de cerveza), donde productores y directores peninsulares, desde Jaime de Armiñán para acá, se esmeraron en elogiar la calidad de los actores argentinos.

«Es que tienen mucho método hasta para parecer naturales. Frasean bien, vocalizan bien, tienen ritmo en la elocución, miran bien cuando hablan, son agradecidos, son simpáticos. Lo único, a los pibes les falta calle»,
sintetizó, también en un aparte, Alberto de Mendoza. Nativo de Cabildo y Monroe, hijo de vasco y andaluza («de ahí salí terco y versero»), él fue el primer actor rioplatense que hizo carrera en España, siempre con el mismo aire canchero, las manos en los bolsillos, y el modo de caminar típico del porteño.

Ahora está en las carteleras con la comedia «Tapas», que anda muy bien de público, pero alega cansancio. «Hice 150 películas, son 66 años de profesión, ahora solo acepto papeles cortos, cómodos, donde me mimen mucho durante el rodaje. Es la verdad, no quiero trabajar más. Yo soy muy porteño».

Curiosamente, la película de cierre de Argencine 2005, «El Tigre escondido», que hoy se da, tiene otra clase de actor: en un papel secundario aparece... Omar Chabán. «Se rodó en 2003 y se terminó en 2004», alegó su director, Daniel Barone, «y ya teníamos un acuerdo para estrenarla este verano a través de Buena Vista Internacional. Después cambió todo. Pero mostrarla en España, donde el público no sabe quién es esa persona, quizá me permita percibir una valoración más objetiva de la obra, a ver si hice algo bueno».

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