Córdoba - El Tercer Festival de Teatro del Mercosur, que acaba de finalizar, no tuvo este año una programación internacional de relevancia, pero al menos permitió apreciar el buen nivel artístico que el ambiente teatral cordobés ha ido consolidando en estos últimos años. Tan es así que el espectáculo más elogiado fue el local «Intimatun», bello homenaje a la creación teatral y a sus artistas, con fragmentos de obras de Chejov, Brecht, Eugene O'Neill y Jean Genet, a cargo del Grupo La Cochera que dirige Paco Giménez.
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También se destacó el grupo «Canto Rodado» de Oncativo (Córdoba) con su obra «P.V.C.» inspirada en el cuento de Horacio Quiroga, «La gallina degollada». Otros elencos elogiados fueron los porteños que llevaron «Memoria», de Omar Pacheco, «Cine quirúrgico», de Alejandro Tantanián y Edgardo Rudnitzky, y, sobre todo, «La escala humana», de Javier Daulte, Rafael Spregelburd y Tantan ián, uno de los pocos espectáculos que trabajó a sala llena.
El magro presupuesto de 218.000 pesos con que contó el Festival (al quedar ligada la Agencia Córdoba Cultura a la de Deporte y Turismo debió compartir su presupuesto con el Campeonato Internacional de Voley) terminó afectando notablemente el criterio de selección de los espectáculos extranjeros. No cualquier compañía está dispuesta a hacerse cargo de sus pasajes aéreos, trabajar a borderó -en reemplazo de cachet-y cobrar en bonos provinciales (Lecorb).
Pero la solidaridad que sigue despertando la Muestra cordobesa, heredera del viejo Festival Latinoamericano de Teatro, logró una grilla internacional digna, que incluyó además a un valioso exponente de la escena contemporánea, el coreógrafo alemán Félix Ruckert. Su compañía ofreció el sugerente espectáculo de danza «Deluxe joy pilot», sobre un intenso contacto entre los bailarines y el público. Un pequeño grupo de espectadores aceptó ocupar alguna de las cuatro camas distribuidas en el lugar, mientras los artistas acariciaban y masajeaban sus cuerpos alternando este ejercicio con diversas coreografías.
El resto de la programación extranjera no aportó nada nuevo al panorama teatral, si bien despertó interés la versión de «Venecia» de Jorge Accame que ofreció el elenco esloveno Presernovo Gledalisce, con dirección del argentino Omar Viale, y subtítulos en español. En cambio, el Molière «a la brasileña» que presentó la compañía Atores de Laura, con su adaptación de «Las artimañas de Scapin», dividió las opiniones.
Las coproducciones con Alemania resultaron menos sólidas que las presentadas el año pasado, pese a estar inspiradas en temas fuertemente ligados a la Argentina y, en especial, a la ciudad de Córdoba. La ausencia de buenos espectáculos callejeros, más allá de las murgas uruguayas que se presentan cada año («Falta y resto» en esta edición) hizo extrañar el clima fuertemente popular.
Por otra parte, la escasa movilización de público que hubo este año, obedeció también a la falta de una publicidad adecuada que pudiera orientar el criterio de selección del espectador. Esto hizo que algunos espectáculos se desarrollaran en una sala casi vacía. Tal fue el caso de «Moisés y el pastor», un drama épico de origen iraní, que a pesar de carecer de subtítulos que explicaran sus peripecias histórico-religiosas, logró transmitir una intensa espiritualidad, subrayada por la magnífica voz de Kazem Nazari, a cargo de varias canciones.
Las difíciles condiciones en las que se realizó este Festival, evidenciaron la necesidad de un urgente replanteo tanto de su estructura como de sus condiciones de producción. Las cifras oficiales arrojaron una asistencia general estimada en 44.800 espectadores y la muestra contó con la participación de 16 grupos nacionales y 22 extranjeros que ofrecieron un total de 128 funciones en la capital y 16 en el interior.
Hubo total coincidencia sobre la conveniencia de reducir la duración del Festival (de quince a siete días, aproximadamente) para evitar un posible deterioro de su nivel artístico, dado su pobre presupuesto y su eterna dependencia del gobierno.
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