Las epidemias, verosímiles, que siempre imaginó el cine

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El actual presidente del Incaa, Luis Puenzo, rodó en los 90 "La peste", de Albert Camus, libro que volvió al puesto de best-seller.

Algún virus desconocido acaba de exterminar a todos los habitantes de un pueblo rural y deja sólo dos sobrevivientes: un bebé recién nacido y un hombre de 62 años, moribundo. Se activan todos los protocolos de seguridad del gobierno estadounidense y, pronto, un grupo de médicos y científicos está en una instalación subterránea de máxima seguridad, intentando averiguar qué virus es, cuánto tardaría en liquidar a toda la población, y cuáles anticuerpos les dio inmunidad al hombre y al bebé para así hacer una vacuna.

Basada en la primera novela de un joven Michael Crichton, mucho antes de “Jurassic Park”, “The Andromeda Strain” (“La amenaza de Andrómeda”, 1971), obra maestra del cine sobre virus y epidemias sigue siendo tan electrizante y actual que, tal vez por eso, es menos recordada de lo que debería. Casi cuesta creer que la pesadilla haya sido dirigida por Robert Wise, el mismo responsable de “La novicia rebelde” y “Amor sin barreras”, salvo quienes tengan en mente que era un cineasta genial y versátil, compaginador de “El ciudadano” de Orson Welles y realizador de joyas de la ciencia ficción con mensaje pacifista como “El día que paralizaron la Tierra”. Aquí también hay un mensaje, más vinculado con la paranoia de la era de Vietnam y las armas biológicas. Hubo una remake de “La amenaza de Andrómeda” en formato miniserie de TV que no estaba mal del todo, oportunamente filmada en la época de la gripe A.

Pero, si bien los films de epidemias o mortales virus misteriosos suelen estar relacionados con el terror y la ciencia ficción, no tiene por qué ser así. De hecho, una gran película sobre el tema es naturalista y la dirigió nada menos que Elia Kazan. En “Panic in the Streets” (“Pánico en las calles”, 1950), un médico y un policía deben encontrar a un delincuente prófugo identificado como el “paciente cero” de un virus respiratorio altamente letal y contagioso que, en horas, podría convertir en zona de desastre a Nueva Orleans. Para colmo, el alcalde se niega a que la radio y los diarios difundan el peligro inminente para no provocar el caos y el terror en la población.

Este gran film es un ejemplo de policial negro, thriller y retrato humanista de la marginalidad, y da una pintura diferente, por realista y verosímil, de los barrios bajos, con la ciudad como protagonista junto a los héroes Richard Widmark, Paul Douglas y un Jack Palance tan joven que ni siquiera figuraba en los créditos principales, como el criminal que no piensa entregarse y no es consciente de que puede contagiar a todo el mundo. Kazan aún no había llegado a la madurez de “Nido de ratas” pero, junto con el drama de denuncia al antisemitismo “La luz es para todos”, este es uno de los mejores trabajos de la primera parte de su filmografía.

Pero claro, la peste se relaciona con el terror ya desde los tiempos del cine mudo en el que el barco lleno de ratas del “Nosferatu” de Murnau iba condenando a sus plagas a todo puerto que tocaba. Pero, tanto ahí como en los films de horror, la peste es un incidente lateral al monstruo principal. No así en el clásico de Roger Corman “The Masque of the Red Death” (“La máscara de la muerte roja”, 1964) donde en un punto el monstruo es la Muerte Roja a la que se refiere el cuento de Edgar Allan Poe en que se basa el film. Corre la Edad Media y una nueva peste, la Muerte Roja, está diezmando la comarca del malvado Príncipe Próspero, por supuesto Vincent Price, que deja a su suerte a los plebeyos e invita a los nobles y sus doncellas a encerrarse en su palacio para humillarlos y vejarlos en orgías satanistas. Pero, al final, lo que queda claro es que la cuarentena puede ser en una choza o un castilllo, y se le puede rezar a Dios o al Demonio, pero la que elige sus victimas es la Parca, y nadie más.

En este sentido no cabe duda de que Corman se inspiró en un clásico de su admirado Ingmar Bergman también atravesado por la peste, la obra maestra ”El séptimo sello”. Para muchos este fue el mejor film de la “serie Poe” de Corman, gracias al mayor presupuesto al estar filmado en Inglaterra, y al cambio de la estética de horror gótico por un estilo de pesadilla pop gentileza del director de fotografía Nicolas Roeg, futuro cineasta favorito de Mick Jagger y David Bowie. Cuentan que el rodaje fue una especie de happening que tuvo como testigos a los Beatles, dado que Paul McCartney salía con una de las chicas de elenco.

Relacionado con algunos de estos films de Corman es el escritor y guionista Richard Matheson, a quien le debemos la epidemia de zombies viralizada, para bien o para mal, hasta nuestros días, gracias a la antológica novela “Soy leyenda” que inspiró “The Night of the Living Dead” de George Romero en 1968 entre muchos otros films. Obviamente no tiene sentido detallar todas las epidemias del cine de terror y ciencia ficción de este tipo, salvo por un detalle: las incoherencias que dicen los improvisados periodistas de TV del Apocalipsis zombie de Romero por momentos se parece mucho a las tonterías que uno puede escuchar en la caja boba en estos tiempos del coronavirus.

Volviendo al cine epidémico, nada mas serio que “La Peste” (1992) de Luis Puenzo, coproducción internacional que trajo a nuestro país a William Hurt en una adaptación bastante fiel de la novela de Albert Camus sobre una epidemia que deshilacha los lados oscuros de una sociedad civilizada. El film no tuvo el éxito esperado en su momento pero, a su favor, hay que decir que el tiempo le ha sentado muy bien.

En 1993 el tema llego a lo alto del box office con el excelente thriller “Outbreak” (“Epidemia”), donde el director Wolfgang Petersen logró que Dustin Hoffman y Morgan Freeman se enfrentaran a una epidemia del temible ébola en territorio estadounidense. Con más suspenso que auténtico terror o intenciones serias, la película logró volver entretenido y exitoso un tema tremendo. El año pasado se vio en el cable una rigurosa miniserie sobre el brote de ébola que podría haber llegado a los Estados Unidos, “The Hot Zone” de James V. Hart.

Desde el punto de vista de los acontecimientos de este 2020, el film sorprendentemente actual es el que filmó Steven Soderbergh en 2011. “Contagion” (“Contagio”) es la narración prácticamente día por día de una pandemia de un virus desconocido y mortal que aparece en algún lugar entre Tokio y Hong Kong, y que en pocas semanas supera el nivel de decesos de la gripe española de 1919. Claro, es una película y por eso Soderbergh exagera por momentos, por ejemplo cuando antes del primer muerto toda Chicago está en cuarentena y hordas descontroladas destruyen farmacias y supermercados. Pero está el mismo uso político y los remedios mágicos y fake news de internet, el contagio a través de viajes en avión y todo el abanico de teorías conspirativas. Apoyándose en un gran elenco (Gwyneth Paltrow, Matt Damon, Jude Law, Kate Winslet, Laurence Fishburne, Elliot Gould), Soderbergh logró algo tan difícil como combinar terror, suspenso, ciencia ficción, drama y sátira política, todo a niveles épicos y globales. Y lo más asombroso y profético es que, pasados los 130 días, cuando encuentran la vacuna y todo parece arreglarse, entonces en un mercado chino un murciélago muerde un cerdo, y empieza todo de nuevo con un lacónico cartel que dice: DIA 1. En 2011, “Contagio” era solo otra buena película del director de la saga de “La gran estafa”. Ahora en cambio es uno de esos ejemplos extraordinarios acerca de cómo el cine puede interactuar con la realidad.

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