13 de septiembre 2001 - 00:00

Cozarinsky: "Hoy no tiene sentido hablar de autor"

Edgardo Cozarinsky.
Edgardo Cozarinsky.
(13/09/2001) Edgardo Cozarinsky, cineasta y escritor argentino radicado en París desde 1974, estrena hoy su nueva película, «Le cinéma des Cahiers. Cincuenta años de historias (de amor) del cine». Se trata de un largometraje documental consagrado a la historia de la legendaria revista de cine fundada por Jacques Doniol-Valcroze bajo la guía de André Bazin y de la que surgió la primera generación de críticos-cineastas que dio nacimiento a la «nouvelle vague» de los años '60, François Truffaut, Jean-Luc Godard, Eric Rohmer y Claude Chabrol, entre los de mayor fama.

Cozarinsky, en su bar favorito de Barrio Norte cuando pasa por Buenos Aires, le cuenta a este diario que cuando se le encargó la realización de esta película («en mi condición de no francés, consideraron mi mirada como la más imparcial posible»), pensó especialmente en el espectador de 25 años, que tiene una relación con el cine (y, eventualmente con la revista) completamente distinta de la que tuvieron las generaciones anteriores.

«La historia de 'Cahiers' es una historia de amor al cine pero también una historia de desgarramientos, de traiciones -dice-. Fundamentalmente, lo que quise alejar desde el primer momento fue la nostalgia. La nostalgia no sirve cuando se trata de entender un fenómeno tan complejo como el que representó, para la historia del cine, la aparición de 'Cahiers du Cinéma' en los años '50.»

Lo que no previó Cozarinsky fue el grado de hostilidad que su película provocó en París: «Se ofendieron los que no aparecieron, pero también molestó lo que dijeron algunos o lo que no dijeron otros. De alguna forma, fue como si la película se hubiera integrado, en el acto, a la historia misma de la revista. Y yo, que hasta ese momento la consideraba como la menos personal de mis películas, empecé a defenderla con mayor pasión».

Para el director, «la 'Cahiers du Cinéma' actual, que desde hace tiempo pertenece al grupo editor de 'Le Monde', continúa en busca de una identidad que no logra definir. Tiene tras de sí una herencia pesadí-sima y, lógicamente, una identidad deshecha. El consumo de cine es completamente distinto y no tendría ningún sentido continuar aplicando, en la producción actual, las viejas distinciones críticas que en su momento estableció 'Cahiers'».

La marca teórica más fuerte que estableció «Cahiers du Cinéma», en especial a partir del artículo de Truffaut «Una cierta tendencia del cine francés», fue la distinción del cine «académico y literario» que se hacía en Francia y al que peyorativamente bautizó «cinéma de qualité», del cine nuevo en su «registro de lo real» al que llamó «cine de autor».

Fue tal la revolución que logró en Francia esa pequeña guerra, librada hace medio siglo, que hasta el día de hoy existen algunos comentaristas de películas, en todas partes del mundo, que tras empaparse con fruición en esas lecturas continúan publicando reseñas en las que condenan la «calidad» de tal o cual película, para gran desconcierto de sus lectores que suponen que están haciendo un elogio.

Cozarinsky sonríe: «En aquel momento sí había dos cines, opuestos entre sí, como el industrial y el que 'Cahiers' llamó «de autor». Hablar hoy de eso es absurdo. Hoy no hay dos cines sino diez, doce. Está la televisión, el video. No existen más los grandes productores como los Szelnick o los Hughes, sino las corporaciones que se adueñaron de los estudios, corporaciones económicas que nada saben de cine sino de beneficios y pérdidas, pero de donde sale todo tipo de películas. Hoy se pueden ver películas bien hechas, muy profesionales, producidas por HBO o por Hallmark. Y así como de los grandes estudios surgen productos interesantes, como «El sexto sentido», también hay películas abominables a las que se llama 'de autor'».

Sobre la mistificación de esta expresión,
Cozarinsky agrega: «Cualquiera que toma una cámara y filma es un 'autor'. Cualquiera que pinta un cuadro, escribe un libro o compone una partitura es un autor. Eso no quiere decir nada. Hay autores maravillosos y autores pésimos. La guerra de 'Cahiers' estuvo en otro lugar, en otro momento histórico. Eso ya pasó».

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