8 de mayo 2002 - 00:00

Cuentos menores del autor de "Intimidad"

Cuentos menores del autor de Intimidad
Hanif Kureishi «Siempre es medianoche» (Barcelona, Anagrama, 2001, 218 págs.)

Hanif Kureishi
saltó a la fama como guionista de Stephen Frears en «Ropa limpia, negocios sucios» y «Sammy y Rosie van a la cama». Su irónica visión de la sociedad inglesa -matizada por el karma de ser hijo de pakistaní en un Londres efervescente y violento- alcanzó pleno desarrollo en las novelas «El buda de los suburbios» (1990) y «El álbum negro»( 1995). En las obras siguientes Kureishi fue dejando de lado sus antiguas preocupaciones étnicas para ocuparse de un tema no menos autobiográfico: el fracaso en las relaciones amorosas. El mismo dio origen a los cuentos de «Amor en tiempos tristes» y a la novela «Intimidad» que siguen siendo sus mejores trabajos. «Intimidad» fue llevada al cine por Pátrice Chereau («La reina Margot») y ganó el Oso de Oro en Berlín a la mejor película. En Buenos Aires aún se sigue exhibiendo una interesante versión teatral, dirigida por Javier Daulte y Gabriela Izcovich, que irá a Barcelona a fines de mayo. Con semejantes antecedentes literarios se hace difícil explicar la mediocridad de algunos de los relatos de «Siempre es medianoche», un muestrario de parejas anodinas, maridos egoístas y ex esposas muy brujas, enquistados en una adolescencia tardía (la mayoría ronda los cuarenta) y bastante trasnochada.

Kureishi es hábil para describir en pocos trazos esas vidas turbulentas y «sin para qué», cuidando de no juzgarlas ni tomar partido por ellas. Es un buen observador, sin duda, pero en este caso su mentado cinismo y su capacidad para abordar las relaciones humanas subrayando sus pequeñas miserias quedan opacados por la debilidad de sus tramas argumentales y por la chatura de muchos de sus personajes, tan cortos de miras que terminan aburriendo. La situación mejora cuando el relato incluye temas relacionados con el oficio de escribir («Chupando piedras») o cuando la lucha entre sexos se aleja de la violencia explícita para manifiestarse a través de situaciones aparentemente inocentes como ir de compras («Cuatro sillas azules»). El último cuento de la serie -titulado «El pene»- resulta una humorada, más propia de un estudiante que de un escritor experimentado y narra el pesadillesco día de un actor de cine porno cuando descubre que su pene se ha independizado de él. La humillación que sufre por su pérdida y el agobio que evidencia al recobrarlo no alcanzan a redondear esta supuesta metáfora sobre la masculinidad.

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