24 de diciembre 2001 - 00:00
Culmina con premios una temporada intensa
-
HBO Max presentó un nuevo adelanto de la tercera temporada de la serie "Euphoria"
-
Netflix estrenó una cruda película que retrata uno de los momentos más oscuros de Venezuela
La obra de Graciela Sacco
Sin embargo, los artistas funcionan como sismógrafos del terreno social y gran parte de las obras de los dos salones que acaban de abrir sus puertas al público, reflejan con mayor o menor intensidad la situación sociopolítica. El discurso más elocuente es el de Sacco, que en una obra de la serie «Cuerpo a cuerpo» que inició en 1996, parece haber transferido directamente y sin manipulación alguna, una imagen de la batalla de Plaza de Mayo a la sala de exposiciones.
En el significativo cruce de tendencias que se advierte en estas muestras, algunas obras son un epígono de la década pasada. Como la caja cargada de flores de Ferrari, donde si bien y casi como una cita, figuran los textos y unos helicópteros que evocan sus conocidas obras de denuncia, predomina el neo-rococó característico de los años noventa. El artificio de la obra acerca al artista -que ya ha cumplido sus 82 años- a la vertiente subjetiva que tuvo su punto de partida entre los jóvenes del Centro Cultural Rojas.
Con sus esculturas, Di Girolamo oscila entre el placer ornamental, evidente en el estereotipo de la superestrella del porno shop que presenta en el Recoleta, y un elaborado tono social, expresado en el encanto de una limpiadora de vidrios que dirige su mirada confiada hacia el porvenir y que se puede ver en el Bellas Artes.
Se trata de dos tipos diferentes de belleza. La primera, cargada de erotismo y «des seins et des culs» al estilo de Boucher; la segunda, representada en «El anhelo de Berenice», muestra otra chica bonita, pero en este caso, con una actitud tan pulcra que demanda sentimientos más nobles frente a la vida.
En ese mismo plan, la misionera Mónica Millán construye un nido blanco con perlas y encajes, que brilla en la sala con el resplandor extraño de su pureza inmaculada, un exotismo en estos tiempos.
Reflejo
Pero la violencia está muy presente en el arte. Mónica Van Asperen trabaja con globos, productos de apariencia festiva, pero que al ser fotografiados aprisionando un cuerpo hasta ahogarlo se vuelven amenazantes. La artista ovilla un largo tubo elástico alrededor de una cabeza y logra imagen deudora del diseño publicitario, que seduce con el brillo reluciente del látex, tenso y transparente. Pero la visión de esa radiante atadura de ningún modo se percibe como inofensiva, más bien evoca una situación de riesgo o indica un posible modo de tortura. Pese a la inocente naturaleza del material y al artificio evidente del montaje, la fotografía provoca sensaciones angustiosas. Además, la tensión extrema, propia del material expandido, anuncia la posibilidad de su estallido y le brinda a la obra un carácter inestable. Así, la artista muestra la violenta opresión a la que es sometido el hombre de nuestros días, y mide también el grado de resistencia que es capaz de soportar y de oponer. Sin romper del todo con el espíritu lúdico que anima su generación, Van Asperen aborda el vacío como tema y como problema, convierte sus efímeras esculturas en sólidas reflexiones.
Entretanto, la conceptualista Orensanz, plantea la sensación de incertidumbre de la época y abre un interrogante con su obra «De qué lado?... sopla el viento...».




Dejá tu comentario