17 de julio 2001 - 00:00

Cumbre de bandoneones tuvo gran aceptación del público

Leopoldo Federico.
Leopoldo Federico.
«Cumbre de fueyes». Actuación de Leopoldo Federico, Daniel Binelli, Julio Pane, Antonio Príncipe, Néstor Marconi, Osvaldo Montes, Pablo Mainetti, Carlos Corrales y Gabriel Rivano. Invitados: Aníbal Arias (guitarra) y Polly Ferman (piano). (Centro Cultural San Martín, 12 de julio.)

La Legislatura porteña decidió establecer el 11 de julio como el Día del Bandoneón, como una manera de homenajear en su fecha de nacimiento a quien fue, según la frase popular, «el bandoneón mayor de Buenos Aires», Aníbal «Pichuco» Troilo.

En recordación de esa fecha, entonces, se armó este concierto que, paradójicamente, tuvo lugar un día después en una Sala A-B del Centro Cultural San Martín desbordante de público.

Lo que sucedió sobre el escenario fue, en términos generales, muy bueno. Faltaron por cierto varios de los principales nombres del instrumento, pero hubo muchísimos otros y está muy claro que no podían estar todos en una ciudad que ha dado -y sigue dando, afortunadamente-grandes artistas para el bandoneón.

A lo mejor podría haberse evitado la solemnidad excesiva en las palabras del periodista Guillermo Fuentes Rey --además, funcionario de la Comisión de Cultura de la Legislatura-. Y hubiera sido deseable que los músicos enfrentaran esta ocasión ofreciendo algo distinto de lo que hacen habitualmente. Pero éstas son sólo sutilezas frente a un espectáculo que, en sí, no admite discusiones.

Hubo diversos estilos y géneros musicales -fundamentalmente tango, pero también folklore y música clásica-. Hubo artistas de distintas generaciones. Y hubo invitados no bandoneonistas -Aníbal Arias, Polly Ferman-que estuvieron ampliamente a la altura de las circunstancias. El resto, es sólo cuestión de gustos.

Algunos habrán preferido la experiencia tanguera y el toque personal de
Leopoldo Federico -fue maravilloso en su solo de «Pedro y Pedro», dedicado a Maffia y a Láurenz-. Otros habrán disfrutado del tradicionalismo de los dúos de Osvaldo Montes-Aníbal Arias y Antonio Príncipe-Arias. Otros habrán aprovechado mejor el aporte más cercano a nosotros de Daniel Binelli -tocó con la pianista Ferman «Verano porteño» de Piazzolla, «El gaucho matrero» de Ginastera y su propia «Al pintor Aldo Severi»-, de Julio Pane -otro que se lució con los solos en «Mi refugio» y «Pa' que bailen los muchachos»- y de Néstor Marconi -dedicó su set a Piazzolla, con «Muerte del ángel» y «Lo que vendrá»-.

Los más jóvenes habrán sentido mayor afinidad con dos artistas de las últimas camadas,
Gabriel Rivano y Pablo Mainetti -éste último, a dúo con Carlos Corrales-. La mayoría habrá gozado con el cuarteto final de «Flores negras» por el cuarteto Federico-Binelli-Pane-Príncipe.

Y estarán también -muchos-que se habrán sentido muy felices de punta a punta del concierto. Está incuestionablemente bien que sucedan reuniones como éstas. Más allá de que no quede muy claro por qué tiene que ser la Legislatura -un organismo cuya función es legislar-la que los organiza; sobre todo porque existen otros estamentos, dentro del mismo gobierno municipal, cuya función es precisamente ésa.

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