2 de mayo 2001 - 00:00

Daniela Mercury: perfecta, pero con música globalizada

Daniela Mercury
Daniela Mercury
Presentación de «Sol da liberdade». Actuación de Daniela Mercury (voz). Con C. Leony (bajo), M. Brasil (batería), A. Vargas (guitarras) y otros. Bailarines: G. Alves y A. Araujo. (Gran Rex, 27 de abril.)

Siempre estuvo más cerca del pop que de las raíces de la música brasileña. Pero, bahiana al fin, Daniela Mercury terminó por hacerse un lugar a partir de un estilo que no pretendía ocultar su herencia cultural.

Cultora de una suerte de género que llaman «axé» -una mezcla jugosa entre samba, reggae, música de «trío elétrico» y otras especies nordestinas-, sumó su voz poderosa, su enorme poder de seducción, su pasado como bailarina y su simpatía como para ganarse el respeto y la admiración de muchos.

Sin embargo, a pesar de que la fórmula le trajo también excelentes resultados económicos -ha vendido millones de discos en Brasil y en el resto de América latina-, decidió «globalizarse», o alcanzar un «sonido universal», como dice su publicidad, y ponerse en las manos del cubano Emilio Estefan para la producción de su sexto y hasta ahora último disco, «Sol da liberdade».

Y ya se sabe. Estefan conoce muchísimo este negocio y, en ese sentido, probablemente le vaya aún mejor a la Mercury a partir de ahora --aun-que la argentina Soledad no podría decir lo mismo-. En ese cambio, la cantante perdió también parte de su esencia, alivianó su discurso, se hizo menos brasileña y más dependiente del lenguaje musical de Miami, más allá de que las letras puedan seguir hablando a favor de la libertad y de la negritud.

Formalmente, Mercury no admite cuestionamientos. Está cada vez más sexy y deja ver con generosidad un cuerpo que muy trabajado. Su espectáculo es contundente y altamente profesional. Su grupo acompañante está armado sobre la base de una banda pop, con coros, bailarines, un trío de metales y mucha percusión.

Se mueve sobre el escenario con movimientos estudiados y bien ensayados que la muestran en toda su plenitud física. Canta y baila sin desafinar una nota y sin equivocar un paso. Y el público, que prácticamente colmó el Gran Rex, se divierte bailando y cantando con ella, inclusive los temas más nuevos.

Pero esta
Daniela Mercury ya no hace historia; al menos, no la historia que prometía cuando se la empezó a conocer hace ya unos cuantos años.

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