El exterior es ruido, consumo, alta tecnología, casi robotización, un mundo desmesurado. Pero todo esto desaparece en las salas del Metropolitan Museum donde se exhibe una muestra de El Greco organizada por dicho museo junto a la National Gallery de Londres, y al recorrerla, observamos cómo su mística y religiosidad aún trascienden y envuelven al observador.
Comienza con un grupo de íconos recientemente reconocidos pintados en Creta antes de su llegada a Venecia en 1567 y transformarse en un discípulo de Ticiano, un ávido estudiante de Tintoretto,Veronese y Bassano. Magníficamente presentada, de manera temática y cronológica, se encuentran juntas distintas versiones de «La Expulsión de los Mercaderes» pintadas en diferentes épocas (hacia 1595-1600). «La Resurrección» (1590), con su cualidad visionaria y la majestad de la forma de carácter ascensional, así como «La Adoración de los Magos»(1612-14), una de sus más grandes obras, fueron prestadas por el Museo del Prado.
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Con muy buen criterio curatorial se han colocado ejemplificaciones de obras de Picasso como «Niño llevando un caballo» (1906), inspirada en «San Martín y el Mendigo» pintada entre 1597 y 1599. Otras obras dejaron una impresión indeleble en el malagueño cuando estaba pintando sus «Demoiselles d' Avignon» (1907), que siempre consideró a El Greco como un precursor de Cézanne y el Cubismo.
Es notable el conjunto de cardenales, hidalgos, poetas, jurisconsultos, mujeres novelescas, en fin, la sociedad toledana de la época. Generalmente ostentan una suerte de arquetipo caballeresco-religioso y entre ellos es célebre el «Retrato del Cardenal Niño de Guevara». También hay un ejemplo de una obra de Cézanne,«Mujer con Cuello de Piel», basada en un Greco de 1570. En cuanto a los paisajes, Theotocópuli los copiaba del natural pero sólo como esquema de su realidad y le encantaba cambiar el sitio de la catedral o del alcázar toledano. «Vista de Toledo» (1597-99) de la colección del Metropolitan, con sus peñascos gris acero constituye un retrato espiritual de la ciudad y una maravillosa visión onírica.
En otra sala se exhiben obras de Phillip Guston (1913-1988). La obra de sus últimos 20 años es reconocida actualmente por el singular poder de su visión entre sombría e hilarante de los '60, una era artística y política turbulenta. Al principio uno cree que está frente a un comic, inspirado en Mutt y Jeff o Mickey Mouse, personajes que copiaba en su infancia, pero poco a poco se convierte en una terrible acusación contra la guerra de Vietnam, el asesinato de Robert Kennedy y Luther king, la represión en Chicago de 1968. Las figuras encapuchadas de blanco, una ranura a manera de ojos, las manos carnosas como garras daban la voz de alerta acerca de la política americana a fines de los '60.
Son igualmente dramáticas las imágenes de cientos de suelas de zapatos contra una pared de ladrillos o las piernas velludas que caen por ella; un autorretrato, «Painting, Smoking, Eating» (1973), en la cama, actitud indolente, mirando al techo, fumando y un plato con sandwiches, en una paleta rosada que mostró por primera vez junto a otras obras de este tenor en la galería Marlborough. El retrato de Richard Nixon transpirando en la playa de San Clemente arrastrando su pierna vendada con flebitis y que se exhibe por primera vez, es un cruel testimonio a la vez que expresivo de su gran libertad. Después de un ataque cardíaco en 1979, se volcó a objetos familiares, por ejemplo. una pila de cerezas frescas sobre una mesa de cocina así como imágenes de su psique.
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