De la Iglesia resucita thriller a la inglesa

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«Los crímenes de Oxford» (The Oxford Murders, España-Francia, 2008, habl. en inglés). Dir.: A. de la Iglesia. Int.: E. Wood, J. Hurt, L. Watling, J. Cox, J. Carter, A. Massey, A. Cox, D. Pinon, B. Gorman.

El thriller a la inglesa, con homicidas freinados e intelectuales tejiendo sus tramas macabras y crímenes perfectos en ámbitos académicos, es un género que ya no existe. O mejor dicho, que casi no existía, porque insólitamente lo acaba de reflotar el español Alex de la Iglesia, quien en un tour de force autoral, consiguió homenajear ese tipo de films logrando todo un hallazgo en la materia.

Basada en una novela del argentino Guillermo Martínez, la historia gira en torno a unos crímenes seriales perpetrados en Oxford, con un matemático famoso (John Hurt) y un estudiante ambicioso (Elijah Wood) enredados en medio de los enigmas lógicos que propone el misterioso asesino. El homicidio de una vieja amiga del sabio, dueña de la casa donde se hospeda el estudiante, detona la serie de «asesinatos imperceptibles», así llamados por tener como víctimas a gente moribunda o enfermos terminales, que en realidad no serian otra cosa que un medio para que el criminal pueda llamar la atención del erudito protagónico sobre sus conocimientos matemáticos, evidentemente negados en círculos mas formales.

Parafraseando los asesinatos, el mayor talento de Alex de la Iglesia es volver imperceptible su mano de director, limitando al máximo su personalidad sardónica, ya disfrutada en títulos como «La comunidad» o «El día de la bestia», para que cada escena pueda tener el estilo de películas que admira desde siempre, como por ejemplo el thriller cerebral de Mankiewicz «Sleuth». Esto no implica que sea un film impersonal, todo lo contrario. El arte de medir un estilo habitual y de éxito probado en beneficio de un producto distinto es mucho más difícil que todo lo que haya hecho De la Iglesia hasta ahora, al punto de que lo más asombroso para alguien que entre al cine sin demasiada data sobre lo que fue a ver, sería descubrir en los créditos finales que el director no es inglés, sino español. Para este logro hay una gran ayuda en la sólida actuación de John Hurt, un gran actor que salvo que le salgan marcianos del estómago o lo tapen kilos de maquillaje para convertirlo en hombre elefante, no siempre suele tener papeles a su medida. El científico excéntrico al que le es dedicada la serie de crímenes es un gran rol para Hurt, que lo aprovecha por completo haciendo crecer el personaje a medida que avanza la película, Incluso da la sensación de que el director armó una estrategia valiéndose del talento de Hurt para lograr muy buenas actuaciones de todo el elenco, empezando por un digno Elijah Wood, quien demuestra que puede trabajar sin las toneladas de efectos especiales que rodeaban al Frodo de «El Señor de los Anillos».

Un párrafo aparte merecen las damas de «Los crímenes de Oxford», empezando por Anne Massey, aquella inocente víctima de las aberraciones voyeurísticas de Michael Powell en «Peeping Tom» (y veterana del «Frenesí» de Hitchcock) que le da un clima especial a toda la introducción del film. Luego, en otro plano más carnal, Leonor Watling y Julie Cox agregan erotismo sin perder la típica frialdad británica ni apartarse del estilo elegido por el director para mantener el suspenso con un argumento intelectual que nunca deja de mantener la tensión ni de resultar entretenido al espectador.

En suma, desde el montaje casi perfecto, las historias paralelas -donde el humor negro apenas se deja ver un poco más- y la actuación de Hurt, este segundo film en inglés de Alex de la Iglesia es un homenaje tan completo que termina teniendo entidad propia.

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