2 de febrero 2005 - 00:00
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Carlos Portaluppi, a punto de estrenar una película («Whisky Romeo Zulú»), está comprometido hoy con cuatro obras teatrales diferentes, además de una serie de TV.
Periodista: ¿Usted cree que va a levantar muchas polémicas el estreno de «Whisky Romeo Zulu», siendo Piñeyro un ex piloto de esa línea?
Carlos Portaluppi: De ese tema prefiero que hable el director. La película ya está hecha y se va a estrenar, pero habiendo una causa judicial de por medio no tengo permitido hablar al respecto. Con Piñeyro nos conocimos cuando estudiábamos en el taller de Lito Cruz, y hasta ahora la película ha sido bien recibida. Ganó el Sol de oro en Biarritz, el premio Opera prima en Bahamas y en La Habana y además en Chile lo premiaron a Piñeyro como director y protagonista. También fue muy importante recibir el Premio especial del público en el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires del año pasado.
P.: Usted es reconocido como un actor muy versátil. Capaz de interpretar a un tierno anciano, sin caracterización mediante, como a un argentino bastante bochornoso. ¿Cómo elaboró a estos dos personajes?
C.P.: Para interpretar a Salvador en «Nunca estuviste tan adorable» vi fotos de él y sólo eso me resultó inspirador. Además, como se trataba del abuelo materno de Javier Daulte y de la verdadera historia de su familia, sus marcaciones siempre fueron muy precisas. Pero yo creo que lo que más me ayudó a entender el personaje es haber leído una carta que él le escribió a su mujer, en la que revela un secreto muy Es algo muy privado como para contarlo. Lo que sí puedo decirle es que cuando leí esa carta me emocioné mucho.
P.: Hablenos de «Beckett argentinien».
C.P.: El texto de Guillermo Ghío está inspirado en varias obras de Beckett y casi no tiene palabras. Yo soy el argentino al que un científico alemán (Marcos Montes) utiliza como material de estudio. El viene de una cultura donde el orden, la educación y la lógica son muy importantes. Es muy meticuloso con sus procedimientos y trabaja en un lugar muy aséptico, pero ese cubo de 4 x 4 donde pone al argentino es casi un basural. El representa todo lo opuesto al alemán, es imprevisible, atolondrado, vago. Creo que a nadie le gusta verse reflejado en esa imagen, pero el público se divierte con la obra.
P.: Usted fue dirigido por Norma Aleandro en «De rigurosa etiqueta» y ahora comparte escenario con ella. ¿Se siente muy exigido?
C.P.: No, es un placer, no me intimida en absoluto, porque a pesar de su extraordinario prestigio Norma es una mujer de una gran apertura y generosidad. Yo la conocí en la filmación de «La fuga» de Eduardo Mignona y, aunque la escena que compartimos fue mínima -yo hacía de médico de la morgue y ella venía a reconocer un cádaver- creo que ya ahí hubo amor a primera vista.
Entrevista de Patricia Espinosa


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