16 de septiembre 2003 - 00:00

Del informalismo de los '50 a hoy: exponen obra de Wells

Informalismo apareció hacia 1958 como reacción frente a las propuestas del arte concreto, Madí y el perceptismo de Raúl Lozza. La nueva tendencia se oficializó con dos muestras colectivas, una en 1959, en la que participaron, entre otros, Luis Wells (1939), que la semana pasada inauguró una muestra antológica en el Museo de Bellas Artes.

Pero estas exposiciones no se repitieron y el movimiento informalista cesó como tal en 1960. Es una variante de la abstracción expresionista norteamericana, formulada por el gran teórico norteamericano Clement Greenberg (vino a la Argentina a las Jornadas de la Crítica en los '80). El informalismo resultó el gran catalizador, el gran revulsivo del arte en la Argentina, y Wells continuó esa tendencia gestual, hasta que planteó una propuesta racionalista y una técnica muy cuidadosa.

La metáfora determinó gran parte de su obra y las alegorías actuaron como elementos de conexión de contactos, articulaciones entre la materia y la forma: como un crisol de tótems coloridos, que permiten visualizar las estructuras que forman su sistema de escultura en madera, que había partido del Arte Destructivo, una singular muestra de acción grupal que presentó en la Galería Lirolay, en noviembre de 1961.

Allí expuso Wells junto a Kenneth Kemble, Enrique Barilari, Jorge López Anaya, Antonio Seguí y Silvia Torras, entre otros. Wells dinamizó el espacio marcando el movimiento con fracturas que se articulan y que conducen a una geometría sensible que da cuenta de su creatividad y fuerza poética. Sus formas son irregulares, como si con ellas se
pudiera construir un rompecabezas universal: el todo de su fantasía interna.

Las maderas irregulares y los acrílicos pintados con una inspiración totémica, dieron por resultado propuestas nuevas. Sobre los materiales más antiguos en los que el hombre talló sus figuras, Wells los recorta y pinta. Todo está a la vista, como cuando trabaja en los espacios de la arquitectura, en el techo del bar de la Casa Bronzini, de 1965, o la Denotación Espacial del Premio Di Tella, otorgado por un jurado que integraron Giulio Carlo Argan, Alan Bowness y Jorge Romero Brest.

En 1965, obtuvo una beca del British Council para trabajar en el Departamento de Escultura del Royal College of Art. La pinturaescultura de Wells es una síntesis estructural de cromatismos y acciones en el espacio, que le sirven como una extensión de sus obras. La figura señera de Paolo Uccello quizá marque el comienzo de este recorrido de la pintura en busca de una espacialidad distinta, que en el caso de Wells no son pájaros sino formas esculturales de metal policromado, cartones pegados, conos, cilindros de madera. El diseño industrial no está lejos de las experiencias de Wells.

Las suyas son maquetas de un mundo imaginario que pertenecen a la dimensión estética y a su relación con el diseño muy involucrado con él durante su estadía en Nueva York. Son proyectos para la reconstrucción arquitectónica de una topología abierta a una geometría distinta. La relación de
Wells con la arquitectura y el diseño industrial, la incorporación de materiales como el acrílico en la década del 70, las formas de la industria y las múltiples muestras realizadas durante la última época de su estada en los Estados Unidos (1970-75) incidieron decisivamente en las dos décadas posteriores.

La tensión que surge en sus telas revela las formas pero sin romperlas. Por el contrario, están amarradas a una solidez espacial que cuestiona las estructuras pero no las destruye, porque su deconstrucción es un mecanismo que se basa en el desafío a los valores tradicionales.

• Transparencia

Wells se maneja en una dimensión de transparencia, que el espectador descifra en forma inmediata. Es concreto y se maneja con toda la materialidad disponible, haciendo gala de un poder de comunicación donde la significación está siempre presente. Pero entre significación y comunicación existe un lazo estrecho, y Wells prefiere una estructuracolor para comunicar sus sentimientos y sus ideas.

Construye lenta y laboriosamente un espacio que puede ser el laberíntico mundo de la materia significante; no trata de sugerir realidades suprasensibles o metafísicas, algo más allá de los objetos como tales, sino una relación de comunicación con la materia misma. Ese apego a la realidad, a lo concreto formal de una dimensión que se ubica entre la pintura y la escultura, entre el cromatismo y la geometría, es el leitmotiv de esta muestra antológica. Para él no hay nada más allá que el plano inmediato en que ubica sus objetos de comunicación, y para eso se vale de todas las posibilidades que le ofrecen la materia, sus formas, sus texturas, sus colores, es decir las dimensiones de lo concreto aquí y ahora.

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