14 de enero 2004 - 00:00

Desbordó el teatro donde actúan insólitas luchadoras

Desbordó el teatro donde actúan insólitas luchadoras
P ese a sus presumibles dudas previas, Carlos Rottemberg no ha de estar ahora arrepentido de haber convocado al joven autor y director José María Muscari para poner en escena, en uno de sus teatros de la calle Corrientes (el Lorange, y «a la gorra»), un espectáculo hasta no hace mucho inimaginable en el circuito comercial, «Catch», cuya base son las peleas de luchadoras desnudas en un ring con barro. Durante el fin de semana, después de su estreno el jueves, la obra reunió 1800 personas, un récord para Buenos Aires en verano y para una obra sin figuras. Aunque, desde luego, con «ganchos» poco habituales en el teatro comercial.

«Catch»
se estrenó el año pasado en el Centro Cultural Adán Buenosayres, con una estructura mucho más informal, y que incluyó la presencia de un chancho vivo en escena que fue víctima de un curioso incidente policial.

Muscari
, también creador de «Pornografía emocional», «Desangradas en glamour», «Grasa» y «Cumbia, anarquía villera», entre otros trabajos dedicados a explorar ambientes marginales o de convocatoria masiva, dice haber encontrado en un artículo de Roland Barthes la guía ideal para adentrarse en el universo del catch. Pero, lejos de continuar la línea naïf que popularizó Martín Karadagian con sus «Titanes en el ring», prefirió la vertiente más cercana a la habitual fantasía masculina: un grupo de mujeres que lucha en el barro en medio de «un sórdido círculo de relaciones perversas». Dialogamos con él:

Periodista:
¿Cómo eligió a sus luchadoras?

José María Muscari
: Tomé una audición suponiendo que iban a venir 50 mujeres, pero se presentaron 380 actrices. La única condición era que tuvieran una relación fluida con su cuerpo. Yo les di pautas muy claras para que después no hubiera sorpresas: «Miren que ésta es una obra que no tiene texto, hay una actriz hace pis en el escenario, y la mayor parte de la obra van a estar desnudas, pero esto no es 'La lección de anatomía'. Acá no hay producción, esto es algo alternativo. Hay una lucha en el barro y no tenemos ducha, así que van a tener que bañarse en tachos. La que no se atreva, o no le interese, puede irse».

•Respuesta

P.: ¿Y cómo respondieron?

J.M.M.: De las 380 se habrán ido diez. Finalmente elegí a 15 mujeres muy distintas, la mayoría entre los 20 y 35 años por las exigencias físicas del espectáculo. El único actor del elenco es Cristian Morales, que ya trabajó conmigo, e interpreta a un travesti de la zona roja. Es el único personaje ajeno al universo del catch.


P.:
Sorprende que un espectáculo tan marginal haya llegado a la calle Corrientes.

J.M.M.: Este espectáculo logró un lleno total en sus 16 funciones, pero aún así reconozco que me extrañó que me llamara Carlos Rottemberg para ofrecerme el Lorange. Quizás tuvo mucho que ver que la difusión que tuvo en los medios el incidente del chancho.


P.:
¿Qué pasó exactamente?

J.M.M.: Después de hacer dos meses de funciones con el chancho (al que el actor adiestró como un perrito) una vecina denunció al Centro Cultural por tener en cautiverio un animal no doméstico. Entonces, vino un patrullero y se lo llevó. Literalmente, metieron al chancho en un calabozo. Llegaron a acusar al director del Centro Cultural de zoofílico, así que el chancho estuvo durante un mes y medio en Agronomía, con pericias psicológicas y físicas, hasta que se comprobó que estaba en perfecto estado y mucho más sano que cuando lo compramos. Me lo devolvieron para la última función, pero como me pareció que estaba muy agotado lo devolví al campo donde lo compramos.


P.:
¿Le preocupa alguna reacción negativa en un público no acostumbrado a ver este tipo de puesta?

J.M.M.: No sé, tal vez que los que están acostumbrados a ir a ver «Confesiones del pene», porque quieren ver actores conocidos, se asusten frente a estas mujeres que se desnudan cada dos minutos, luchan en el barro y usan un lenguaje muy procaz. Hay mucha violencia en el escenario y además las chicas bajan a la platea, se bañan en medio de la gente, corren desnudas entre el público. Es un espectáculo diferente para la calle Corrientes, pero la gente lo pasa bien.


P.:
¿Qué opina el público más teatral?

J.M.M.: Nadie me reclamó la ausencia de una historia, quedan o bien sorprendidos, o bien sobrepasados por la propuesta. Sin embargo, hay personajes antagónicos, vínculos claros y situaciones coreografiadas por Luis Biasotto, del grupo Krapp.


P.:
¿No es un espectáculo algo misógino?

J.M.M.: Todo lo contrario. Los conceptos trabajados tienen que ver con la violencia ejercida sobre la mujer en los distintos niveles de poder. Hay una vieja, una negra, una rubia, un travesti, unas lesbianas, una chica con cuerpo de patovica, otra que es del interior. Son estereotipos de lo femenino y por eso mismo se las trata muy mal. Son personas que no responden a los códigos visuales del establishment.


P.:
Hay un mito que dice que las mujeres pelean con más ferocidad que los hombres.

J.M.M.: No es un mito, es una realidad. Las mujeres, cuando pelean, ponen todo en juego, los hombres no, y esto se hace extensivo a todos los órdenes de la vida. Por eso yo siempre trabajo con actrices, son mil veces más lanzadas que los hombres. Los actores intelectualizan demasiado.


Entrevista de Patricia Espinosa

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