4 de mayo 2001 - 00:00

Desencantada metáfora nacional

Drama tan fuerte como breve (77 minutos), «El armario» es casi una metáfora nacional, sobre un hombre sin familia ni recursos que, a las puertas de la vejez, se encierra a morir en un armario, en un descampado cerca de una fábrica abandonada. Una muchacha atenta, sin hogar, y unos lugareños inicialmente desconfiados, logran hacerlo cambiar un poco de parecer. De todos modos, el drama siempre acecha.

En principio esta historia de pocos personajes y escenarios decididamente despojados fue pensada como un corto de la producción de la FUC «Mala época», pero terminó recortándose sola, hasta convertirse en una obra independiente hasta de los independientes oficiales.

Eso obligó a su director Gustavo Corrado a estirarla de corto a casi largometraje, lo cual se nota, pero al mismo tiempo le permitió aplicar una estética específica, en claro blanco y negro, con cierto espacio para saludar discretamente al triste y melancólico «Dos hombres y un armario», de Roman Polanski (uno de los más hermosos poemas que alguien pueda ver, cuando quiera sentirse realmente bajoneado), y para rebatirlo en algún punto, porque también existen los días de sol y de comida compartida.

También le permitió -un claro gusto del autor-aplicar debidamente una música recostada en los autores más clásicos. Se nota en Corrado un placer por el drama musical. Sin embargo, la situación ya era suficientemente fuerte y absurda (tan absurda que hasta podría ser cierta), de modo que prefirió evitar todo lo posible la tentación de los subrayados y los desbordes. Lo logró. Premio del público en Trieste y Cremona.

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