29 de junio 2021 - 00:00

Monumental trabajo sobre el Instituto Di Tella

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“El Di Tella” es el nombre de un monumento histórico inmaterial de la cultura argentina. Hace referencia a algo inesperado, insólito, una empresa a la que se le dio por construir un faro para el arte, el pensamiento, la vanguardia. “El Di Tella” fue en Florida 936 ese artefacto concreto, como bien señala Fernando García, “de la ambición cultural de los herederos de un imperio que era sinónimo de la ascendente burguesía nacional en su expansión internacional”.

Cuando sus productos industriales ya habían invadido los hogares y andaban por las calles “decidieron crear una factoría artística multidisciplinaria impar en la que la tecnocracia y la contracultura convivían”. Fue más que un instituto que causó conmoción al poner en cuestión las fronteras del pensamiento, el arte, lo visual, lo escénico y lo sonoro.

Comenzó contagiando sus alrededores. La manzana que pasó a ser “La Manzana Loca”, los bares cercanos como El Moderno, la Galería del Este donde Borges camino a su casa se detenía en la Librería La Ciudad a charlar, y ahí cerca Federico Manuel Peralta Ramos –estrella del Di Tella- tenía el local “El conversatorio”. Luego se extendió a “Floridanópolis” y de ahí la fama lo llevó por el mundo. Todo lo nuevo pasaba por ahí. Todo se mezclaba y a la vez dejaba una marca individual. Entre los nombres que importan de los que estuvieron por allí están Marta Minujín, Araiz, Xul Solar, Gambaro, Los Luthiers, Jasper Johns, Nacha Guevara, Berni, John Cage, Breccia, De la Vega, Oesterheld, Bonino, Spinetta, Bertoto, Masotta, Lucio Fontana, Manal, Distefano y otros creadores. El acierto del ensayista y biógrafo García es haber hecho una magnífica historia íntima a través de 75 testimonios de protagonistas de esa desafiante usina que se volvería mito.

M.S.

=Fernando García, “Di Tella. Historia íntima de un fenómeno cultural” (Bs.As., Paidós, 2021, 717 págs.).

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