Dos grandes que se ríen de sí mismas

Espectáculos

El estreno de «Las Extras», anunciado para el viernes a las 21 en el Teatro del Globo (Marcelo T. De Alvear 1155), marca el regreso a las tablas de Ana María Campoy, quien por primera vez compartirá el escenario con María Rosa Gallo. La idea de este espectáculo, escrito y dirigido por Pepe Cibrián Campoy, con música de Angel Mahler, es entrelazar con humor a dos figuras emblemáticas del teatro nacional.

Ambas actrices, además de burlarse de sí mismas, evocarán buena parte de su trayectoria; pero también serán las encargadas de dar vida en la ficción a dos mujeres que, en virtud de sus parecidos, se postulan para hacer de extras de «la Campoy» y «la Gallo». Dialogamos con Ana María Campoy.

Periodista: ¿Qué puede anticipar de «Las extras»?


Ana María Campoy:
Yo lo he definido como un caleidoscopio porque no tiene nada que ver con lo que tú esperas encontrar. Nadie espera ver a María Rosa Gallo riéndose de sí misma como loca y con una gracia realmente extraordinaria. Que una Campoy sea graciosa no va a sorprender tanto, pero tal vez sí que de pronto me meta en una onda más profunda. En definitiva, somos dos actrices y tenemos el deber de ser idóneas, es decir capaces de hacer cualquier género. Cuando yo hago algo, siempre viene alguien que estúpidamente me dice: «¡Qué loca sos!» como si todo eso yo lo inventara y no me costara ningun esfuerzo. Cuando yo era jovencita hablar de physique du rôle era una ofensa, como si te dijeran: «ese papel te sale bárbaro porque haces de ti». No era nada halagador porque el actor es ante todo un profesional, después viene la magia, el don o esa cosa que no se sabe bien qué es ni de dónde viene.

P.: ¿Pero de qué trata concretamente la obra?


A.M.C.:
Nuestros personajes son dos actrices que van a un casting para hacer de dobles en un espectáculo de la Gallo y la Campoy, pero luego salen de ahí y son realmente la Gallo y la Campoy. Es un ida y vuelta entre realidad y ficción. María Rosa hace de una extra que se ríe muy bien, por eso le pagan mucho mejor que a los demás. Esa sería la semilla de la historia, a partir de ahí la obra va tomando una forma más extraña. Contar el argumento sería imposible porque aquí no hay trama, sino vida. Algunos me van a matar creyendo que improviso todo, pero no fue así. Mi hijo, que es el autor, me conoce demasiado y según pare-ce también a María Rosa porque estaba seguro de que ella iba a aceptar esta propuesta.

P.: En cambio, el público las relaciona con géneros muy opuestos.


A.M.C.:
Pero así como van juntas las dos carátulas del teatro, aquí también se unen la tragedia y la comedia. Hemos batido todo eso mucho para reirnos y emocionarnos.

P.: ¿Incluyeron material autobiográfico?


A.M.C.:
Sí, claro. Hacemos mucho de la Campoy y la Gallo pero siempre tomándonos el pelo. Pepe nos hace una especie de homenaje con esta obra porque las dos formamos parte de un grupo de mohicanos. Me refiero a esa raza de actores, que siendo mayores, despliegan en escena una energía increíble. Por ejemplo Pepe Soriano en «El violinista sobre el tejado». En cada función el teatro se viene abajo con las ovaciones que recibe.

P.: ¿Qué la mantuvo tan alejada de la actuación hasta ahora?


A.M.C.:
Desde que Pepe enfermó no he tenido ganas de trabajar con nadie. Lo digo sin dramatismos, para mí va a ser durísimo trabajar, después de tantos años, con otro actor que no sea él, por bueno que sea. Sería diferente si nos hubiéramos separado como le pasa a tanta gente, pero sucedió que Pepe se me enfermó y sigue viviendo conmigo. Por eso me dediqué a mi programa de TV que mantengo desde hace once años. Hice un unipersonal («La Campoy en vivo») como para salir a la palestra y ganarme la vida, la mía y la de mi hombre, como él lo hubiera hecho si la que se enfer maba era yo. Y de pronto, surge en esta profesión del milagro y de la magia la posibilidad de hacer un rubro y ¡mira por dónde! lo hago con otra mujer, no con un hombre. Es algo muy curioso.

P.: A través de su programa en cable, apareció una Ana María Campoy mediática que casi se come a la actriz.


A.M.C.:
Nunca me imaginé que iba a hacer de persona, siempre me imaginé interpretando personajes. Pero, es cierto, esa Campoy mediática me traicionó un poco. Por eso, esto que vamos a hacer con María Rosa me reivindica con la actuación. Las dos estamos tan entusiasmadas y nerviosas como frente a nuestra primera noche de bodas. En mis monólogos encontré la fórmula para que Pepe me acompañe. Ahí no me distraía nadie porque estaba sola, pero ahora siento que ya no es igual y que inicié una nueva etapa. El unipersonal es divertido y me viene bien, pero para mí el verdadero teatro es diálogo y ahora, por suerte, tengo a la Gallo a mi lado.

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