Dos hermanos, un destino: los Nasser homenajean a su tierra

Espectáculos

Presentaron en Buenos Aires su nuevo film, “Gaza, mon amour”, en el Festival de Cine Árabe Latinoamericano.

Altos, de barba espesa y renegrida, morenos de ojos verdes, con chaquetas de cuero y adornos de metal, los hermanos Nasser, palestinos, parecen músicos de heavy metal. Pero son cineastas, autores de una buena historia de amores tímidos entre gente grande, “Gaza, mon amour”, envuelta en valses de Chaikovsky, Chopin y, especialmente, Puccini. También se oye a Julio Iglesias. Con esa película se abrió el martes el 10° Festival de Cine Árabe y Latinoamericano, que este año también se hace casi simultáneamente en Chile y Brasil. Dialogamos con ellos:

Periodista: ¿Qué los decidió a poner un vals de “La boheme” como leit-motiv de una historia palestina?

Arab Nasser: Simplemente, es una música preciosa, que acompaña muy bien la melancolía y la emoción de la historia. Nos gusta lo clásico, por eso también los otros autores, y una canción de amor de Abdel Halim Hafez, el ruiseñor, que podría traducirse como “Mensaje desde el fondo del mar”.

P.: “Pero no tengo experiencia en este mar de amor, y sin barco, estoy respirando bajo el mar y me ahogo”, texto muy adecuado para el personaje del pescador enamorado de una viuda costurera. ¿Y por qué Julio Iglesias?

Tarzán Nasser: Porque nuestro padre era fanático de Julio Iglesias, y cuando nos llevaba en el auto iba cantando “Que no se rompa la noche” y todas esas canciones, y nosotros cantábamos con él. Entonces el campo estaba lleno de flores, se sentía el perfume en el aire, ahora está todo destruido por las bombas.

A.N.: También era fanático del cine, nos transmitió ese amor, aunque las películas las veíamos por televisión porque cuando nacimos ya no había salas. Después estudiamos artes visuales, luego cine con el maestro Jalil El Mozayen, y con esas herramientas nos largamos a buscar nuestro estilo. En eso estamos.

T.N.: Entre otras cosas, hicimos una obra conceptual que llamamos Gazawood, que llamó la atención, e hicimos unos cortos, “Condom Lead” es el más famoso, siempre experimentando con vistas a hacer un largo. Cuando hicimos el primero, “Degradé”, se lo dedicamos a nuestra madre. El elenco es casi totalmente femenino –algo inusual entre nosotros- y transcurre en una peluquería de mujeres. De pronto, afuera hay un tipo con un león y la policía quiere atraparlo. No exageramos nada, tiempo atrás alguien salió a pasear por las calles con un león, fue un revuelo enorme. “Gaza mon amour” también nace de un hecho real, un pescador halló en sus redes una estatua de Apolo, y eso le causó varios problemas con el gobierno.

A.N.: El gobierno considera que ese tipo de hallazgos no debe quedar en manos de particulares. Los define como patrimonio nacional, los expropia y los pone en alguno de nuestros museos. Esa experiencia es la que vive nuestro personaje, incluyendo unos días en la comisaría.

P.: Parece que el malo de la película es el comisario.

A.N.: Bueno, simplemente es un policía. El hace cumplir las reglas. Solo que hay policías muy derechos que creen en su deber, otros son corruptos, y éste es medio cínico, indiferente, por eso parece “el malo”. En cuanto al pescador, nos inspiramos en nuestro padre. A él dedicamos la película.

T.N.: Tomamos su nombre, su carácter, y lo encarna Salim Daw, actor de enorme ductilidad, que venía de interpretar al empresario suegro de Diana en “The Crown”. El puede hacer creíble cualquier personaje. Lo mismo Hiam Abbass, que es mucho más conocida.

P.: Sí, a él solo lo vimos en “Avanti, popolo!”, hace añares (era un soldado árabe que soñaba con interpretar al judío de “El mercader de Venecia”), pero ella es bien conocida, por “La novia siria”, “Munich”, “El limonero” y otras, y estuvo acá, presentando “Degradé” en una edición anterior de este festival.

T.N.: Es magnífica, tiene personalidad, mucha presencia, la quisiéramos en todas nuestras películas. Pero todavía no sé si tendrá un papel en la que estamos preparando, “Había una vez en Gaza”, que es una historia de jóvenes

P.: A propósito, ¿por qué pasaron cinco años entre “Degradé” y “Gaza mon amour”?

A.N.: Money. Pero además queríamos elaborar bien una historia sencilla, y eso lleva tiempo, porque primero uno va poniendo muchas cosas, y después va puliendo y asentando lo que es realmente esencial, el corazón de la historia. Después viene aquello de la coproducción, que en este caso es de cinco países, y el rodaje en Jordania y Portugal, eso también lleva tiempo.

P.: ¿Ustedes siguen viviendo en Gaza?

A.N.: No, ahora, desde hace unos meses, vivimos en Marsella, que tiene un espíritu similar, el espíritu del Mediterráneo, de calor, sol, playas y naves, mar.

T.N.: Antes vivimos unos años en París. Lo pasamos bien, ninguna queja, pero ¿qué podemos esperar de gente que no necesita el sol para vivir?

P.: ¿De veras se llaman Arab y Tarzán?

T.N.: Nacimos como Mohamed y Ahmad, así figura en nuestros documentos. Pero desde chicos nos llaman Arab y Tarzán, como el rey de los monos, y así firmamos nuestras películas.

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