Russell
Crowe,
protagonista
de «Body Of
Lies», que
Ridley Scott
rodará a
partir de
octubre en
Marruecos.
Para el autor
del libro, la
CIA se siente
«culposa» y
no actúa
como debe.
Los Angeles (Especial) - Después de ocuparse de gladiadores y cuzados, el director Ridley Scott dará un giro a sus intereses históricos para meterse en el ojo del huracán: el terrorismo árabe y los sistemas de seguridad posteriores al 11 de septiembre de 2001 serán el tema de su próxima película, «Body Of Lies» («Cuerpo de mentiras»), basada en una novela del periodista David Ignatius.
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En su edición diaria, la publicación especializada «Variety» reveló ayer que los protagonistas del film serán Russell Crowe y Leonardo DiCaprio. El actor de «Gladiador» tendrá a su cargo el papel de un jefe de espías de la CIA que trabaja junto al agente interpretado por la estrella de «Titanic». También se evalúa en Hollywood que ésta podría ser la primera película, más allá de los films específicos acerca del 11/9, que irá un poco más allá de la línea de riesgo que la propia industria del cine se había fijado sobre un tema tan sensible como éste.
Básicamente, la película reflejará, controversialmente, que la CIA se ha vuelto débil y temerosa de las habituales críticas políticas y éticas que se le suelen hacer, y que no tiene sentido pretender un triunfo eficaz contra el terrorismo con agentes tan pendientes de la opinión del Congreso sobre sus acciones.
Ignatius, periodista de «International Herald Tribune» a cargo de temas de política exterior norteamericana, tiene ya cierto background en la narrativa de ficción, aunque hacía una década que no publicaba nada. Ignatius reconoció que un tema como el de la estrategia de la CIA en relación a la amenaza de Al Qaeda lo venía inquietando, como tema de una futura novela, poco después de la caída de las Torres Gemelas.
Ignatius dijo, en una entrevista pública, que esa idea terminó de corporizarse en él a partir de una conversación que mantuvo con un encumbrado agente de la CIA, quien le dijo que la única forma que tienen los Estados Unidos para manejar, con cierta eficacia, la permanente amenaza del grupo terrorista que responde a Bin Laden, será el apoyo real y eficaz de los servicios de inteligencia del mundo islámico. Ese agente le reconoció que él contaba con la colaboración permanente de un espía de Jordania. Durante un viaje por ese país, Ignatius tuvo acceso a ese agente, quien terminó de completarle el retrato de su personaje de ficción Hani Salaam.
«Body Of Lies», cuyo rodaje se iniciará en Marruecos en octubre de este año, cuenta con un guión de William Monahan (quien ya colaboró con Scott en su film sobre las Cruzadas, y con Martin Scorsese en «Los infiltrados») y se ocupa de un operativo ficticio llevado a cabo por los servicios norteamericanos, ingleses y árabes, para desarmar Al Qaeda de la misma forma en que se desactivó, en el pasado, el grupo terrorista Abu Nidal a través de tácticas de engaño.
El autor reconoce, asimismo, haberse inspirado en un clásico film inglés de los años 50 sobre la Segunda Guerra, que dirigió Ronald Neame, «El hombre que nunca existió». El argumento de aquella película daba cuenta de una estrategia de los Aliados para desinformar a los nazis, induciéndolos a suponer que el Día D, el del desembarco en el continente, tendría lugar en Sicilia y no en Normandía. Para ello, los ingleses elegían un muerto anónimo, recientemente muerto, lo camuflaban de aviador-correo con documentosfalsos en sus bolsillos (justamente, los que señalaban el inminente desembarco en Sicilia), y lo hundían junto con un avión cerca de una costa española, como para que los servicios nazis lo supieran de inmediato. «Body Of Lies» se inicia de una manera similar: el cadáver de un falso oficial norteamericano, llamado Harry Meeker, será utilizado como señuelo para desinformar a Al Qaeda.
Según Ignatius, los peores errores de inteligencia se cometen cuando los agentes se exceden en sus tácticas y dejan que lo personal, sus propias creencias, exceden lo puramente «científico». Y otro problema, según lo planteado por la novela, es la burocratización y politización que ha venido experimentando la CIA en los últimos años, algo que, según el periodista y narrador, dificulta más que antes su tarea como servicio de inteligencia. De la forma en que lo plantea Ignatius, el tema es arduamente controversial: «A veces nos olvidamos de que también es tarea de la CIA violar las leyes de otros países, alentando a sus ciudadanos a cometer traición. Hoy existe una tonelada de legislación y controles del Congreso, que tienden a impedir que eso se haga. Yo creo que una gran parte de esa legislación era necesaria, pero eso no modifica esa cruel realidad».
Ignatius continuó: «A diferencia de lo que ocurría antes, los actuales agentes de la CIA sienten que llevan estampado en la frente el sello de 'Culpable'. Suelen ser atacados tanto desde la izquierda como de la derecha, y a un punto tal de que no debería extrañarnos que se sientan a disgusto cumpliendo con su tarea, y que cometan muchos más errores que antes. Evidentemente, no se puede ir a Irak con espíritu de misionero.»
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