29 de junio 2007 - 00:00
Duro film juzgará a la CIA como timorata
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Russell
Crowe,
protagonista
de «Body Of
Lies», que
Ridley Scott
rodará a
partir de
octubre en
Marruecos.
Para el autor
del libro, la
CIA se siente
«culposa» y
no actúa
como debe.
El autor reconoce, asimismo, haberse inspirado en un clásico film inglés de los años 50 sobre la Segunda Guerra, que dirigió Ronald Neame, «El hombre que nunca existió». El argumento de aquella película daba cuenta de una estrategia de los Aliados para desinformar a los nazis, induciéndolos a suponer que el Día D, el del desembarco en el continente, tendría lugar en Sicilia y no en Normandía. Para ello, los ingleses elegían un muerto anónimo, recientemente muerto, lo camuflaban de aviador-correo con documentosfalsos en sus bolsillos (justamente, los que señalaban el inminente desembarco en Sicilia), y lo hundían junto con un avión cerca de una costa española, como para que los servicios nazis lo supieran de inmediato. «Body Of Lies» se inicia de una manera similar: el cadáver de un falso oficial norteamericano, llamado Harry Meeker, será utilizado como señuelo para desinformar a Al Qaeda.
Según Ignatius, los peores errores de inteligencia se cometen cuando los agentes se exceden en sus tácticas y dejan que lo personal, sus propias creencias, exceden lo puramente «científico». Y otro problema, según lo planteado por la novela, es la burocratización y politización que ha venido experimentando la CIA en los últimos años, algo que, según el periodista y narrador, dificulta más que antes su tarea como servicio de inteligencia. De la forma en que lo plantea Ignatius, el tema es arduamente controversial: «A veces nos olvidamos de que también es tarea de la CIA violar las leyes de otros países, alentando a sus ciudadanos a cometer traición. Hoy existe una tonelada de legislación y controles del Congreso, que tienden a impedir que eso se haga. Yo creo que una gran parte de esa legislación era necesaria, pero eso no modifica esa cruel realidad».
Ignatius continuó: «A diferencia de lo que ocurría antes, los actuales agentes de la CIA sienten que llevan estampado en la frente el sello de 'Culpable'. Suelen ser atacados tanto desde la izquierda como de la derecha, y a un punto tal de que no debería extrañarnos que se sientan a disgusto cumpliendo con su tarea, y que cometan muchos más errores que antes. Evidentemente, no se puede ir a Irak con espíritu de misionero.»


