Eclecticismo en Recoleta: de lo suntuoso a lo bizarro

Espectáculos

La calle Arroyo concentra en escasos metros un grupo de excelentes anticuarios, una librería con primeras ediciones y varias galerías de arte. Se trata de un paisaje urbano donde los más suntuosos muebles, estatuas y tapices europeos se exhiben junto a la más rabiosa contemporaneidad, sin perder nunca su serena elegancia. Incluso en estos días, cuando el arte actual en la galería Zavaleta Lab se ha tornado tan literalmente «rabioso», como el pequeño gato negro y embalsamado que ostenta una carga de dinamita entre sus dientes y se divisa desde la vidriera.

La muestra «Una vida difícil», del rosarino Carlos Herrera, es un exponente más del respetuoso eclecticismo que domina la calle, donde a veces, como en este caso, se filtra la estética del mal gusto. La extraña exposición de Herrera, es comparable a una película de clase B, según asegura en su texto, «Elogio del gesto idiota», el crítico y director de los museos Castagnino y de Arte Moderno de Rosario, Fernando Farina.

El artista no contradice a Farina, y observa que la suma de sus propias fotografías (decadentes piletas de natación, dos morochas pulposas envueltas en encaje, un hombre dormido con la boca abierta) y los inesperados objetos que ha reunido ( caretas de monos, un perro embalsamado incrustado en una montaña de hamburguesas y dos conejos vivos en una caja de acrílico), guardan relación directa con sus vivencias personales.

En todo caso, se podría afirmar que en un mundo donde cualquier pretensión de originalidad suena pretenciosa, las intervenciones de
Herrera, que trabaja como un disc jockey, seleccionando objetos e imágenes ya producidas para conformar su propio discurso, no resulta tan «idiota».

En su libro
«La post-producción», el francés Nicolas Bourriaud, actual director del Palais de Tokio en París, explica que «el reciclaje de sonidos, imágenes o formas, implica una navegación incesante por los meandros de la historia de la cultura, navegación que termina volviéndose el tema mismo de la práctica artística». Y a continuación cita a Marcel Duchamp, cuando dice que «el arte es un juego entre todos los hombres de todas las épocas».

En el subsuelo de la misma galería, Teresa Pereda presenta «Sueño de un porvenir», muestra que en las antípodas de la de Herrera, está inspirada en la tierra, el agua y la superficie de nuestro país, temas y elementos recurrentes en la obra de la artista. Si bien la magia de la exposición consiste en la diversidad de formas, colores y texturas que configura el agua que la artista arroja sobre la tierra, las obras se alejan de disgregación y el fragmento,se afirman como unidad.«La Tierra es irreductiblee impenetrable. Todo proviene y se apoya en ella, todo se muestra y se oculta en ella: es origen, fundamento y destino», señala el artista Horacio Zabala, en su sólido análisis de la obra de Pereda.

En la galería Praxis International dedicada al arte joven, culmina hoy la exposición de
Carlos Masoch. «Episodios en la vida de un pintor», es una serie de pinturas en pequeño formato realizadas con indudable gracia y gratificante humor. Al cruzar la calle, en Palatina se percibe la estimulante energía que emana de las tintas de Juan Pablo Fernández Bravo, artista joven que trae aires renovadores a la galería más antigua de la calle Arroyo, al imponerle su ritmo, acelerado y vital. Fernández Bravo trabaja con colores escasos, domina como pocos los pinceles con puntas casi secas y, así, a pura pincelada, genera formas que por momentos suscitan evocaciones de las estampas japonesas, la arquitectura porteña, los puertos de Quinquela Martín, el expresionismo abstracto de Pollock, Motherwell o De Kooning, y en ocasiones, de ese género particularmente expresivo que logró Eduardo Stupía con la tinta.

Se sabe que el arte surge del arte, de su estudio y valoración, y que en toda su historia los quiebres y rupturas con el pasado son escasos. Se le atribuye a
Pettoruti, precursor de la vanguardia futurista en nuestro país, haber dicho: «Todos somos hijos de alguien y el que no, es hijo de puta». También se sabe que la posmodernidad legitimó con cinismo la apropiación, la cita y el «robo con destreza» de la transvanguardia. Pero ahora, al emprender la lectura de la historia del arte, los artistas reconocen que no es fácil partir de cero, y al referirse a la libertad extrema con que se maneja hoy la información, hablan por primera vez de responsabilidad.

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