26 de julio 2005 - 00:00

EE.UU.: crece la moda de "infiltración" de arte

Nueva York (EFE) - Con cautela y mucho aplomo, cada vez más artistas en Nueva York y otras ciudades de los Estados Unidos subvierten las reglas del comercio al infiltrar sus obras de arte en grandes cadenas de tiendas o supermercados.

Se trata de un fenómeno conocido en inglés como «shop dropping», y que consiste en alterar los envoltorios de productos de marca con diseños y arte original para luego colocarlos, como si nada, en las estanterías de los negocios.

Ryan Watkins-Hughes,
un fotógrafo que vive en Brooklyn, reemplazó las etiquetas de
productos enlatados por sus fotografías, acompañadas de su dirección en Internet, donde puede verse algo más de su trabajo. En www.shopdropping.net hay imágenes de su proyecto, que, como otros similares, no sólo buscan cambiar las reglas de presentación del arte al colocarlo donde nadie normalmente lo vería, sino que también resucitan la vieja discusión sobre la obra de arte como objeto o mercancía.

«Del mismo modo que el arte callejero reclama un espacio público para su expresión, el 'shop dropping' subvierte el espacio comercial para el uso artístico»,
dice Watkin s-Hughes, que también coloca en sus enlatados códigos de barras para que puedan ser comprados.

Pero la idea no es única ni novedosa. En 2001, la poeta, DJ y artista visual neoyorquina Sal Randolph creó «Free Words», un libro cuyo texto consiste en 13.000 palabras colocadas en lista, y que pertenece a quien quiera que lo encuentre en una librería. La artista publicó 3.000 copias y las colocó en librerías de casi todos los estados de EE.UU. y en países como Brasil, Canadá, Chile, Francia, Alemania, España, Suecia y Reino Unido, creando así -según sus palabrasuna «situación en la que el arte infiltra el espacio público y comercial».

Otro colectivo de artistas y músicos concibió el «Droplift Project», que consistía en « sembrar» en las grandes disquerías sus propios CDs, que eran collages de música y mensajes sacados de la radio y la televisión.

El fenómeno de «shop dropping» es tal que hasta la galería Pond de San Francisco organizó en abril pasado una exhibición que reunía algunos ejemplos notables, entre ellos el del artista Packard Jennings, que insertó un muñeco Benito Mussolini en un Wal Mart. Jennings esculpió una figura del dictador italiano y la colocó en un paquete -también diseñado por él-del supermercado, que en su reverso tenía fotografías de personalidades como el presidente George W. Bush, el Papa Juan Pablo II y el mismo fundador de la cadena, Sam Walton.

La muestra también presentó la obra del fotógrafo Marc Horowitz, quien mientras trabajaba para el catálogo de la casa de artículos para el hogar «Crate & Barrel» escribió «Cena con Marc» y su número de teléfono de casa en una pizarra que era parte del decorado que estaba fotografiando. La idea era hacer más realista la escena para el catálogo, pero en el fondo, para Horowitz, era más bien una forma de publicitar su proyecto artístico «Tour Nacional de Cenas», mediante el cual invitaba a cenar a las personas que respondiesen a su invitación. Para su sorpresa, el invento originó miles de llamadas de diversas partes de Estados Unidos.

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