20 de febrero 2002 - 00:00
EEUU: critican muestra polémica
-
Con un regreso triunfal: Netflix estrenó la nueva temporada de una serie muy esperada y popular
-
Disponible en Disney +: la sitcom más incorrecta de la historia que es perfecta para maratonear
Rosembaum también se refirió a las obras que integran la muestra en los siguientes términos: «los trabajos que la componen nos sacan del pasado, nos llevan a preguntarnos qué pueden significar para nuestras vidas actuales estas imágenes nazis. Estas obras nos ayudan a mantener el alerta en el presente y a no olvidar los símbolos de la opresión. Los artistas seleccionados nos piden que examinemos lo que estas imágenes del nazismo significan para nosotros en la actualidad».
Según Kleeblatt, «estos jóvenes artistas usan el lenguaje cerebral del arte conceptual. Ellos toman las imágenes, las colocan fuera del pasado y las ubican en el presente. De esta manera también entran en juego nuestras propias identidades y creencias al mismo tiempo que nos comprometemos con el arte».
La idea es ampliada por Kleeblatt en el catálogo de la muestra, donde expresó que «un tiempo atrás comencé a notar cómo una nueva camada de artistas está mirando esos hechos de una forma radicalmente diferente y perturbadora. Ellos dejaron de lado el modelo standard que ponía el punto central en víctimas frecuentemente anónimas, y en cambio lo pusieron en los perpetradores. Más importante aun es que crearon obras que los espectadores deberían confrontar en escenarios donde cuestiones éticas y morales no pueden resolverse fácilmente».
La exhibición durará hasta el 30 de junio. La muestra está acompañada por un extenso programa de actividades educativas, publicaciones, conferencias y debates. El corazón de la iniciativa consiste en la selección de trabajos recientes que pertenecen a trece artistas reconocidos internacionalmente provenientes de los Estados Unidos y países europeos.
Todos fueron elegidos según la originalidad que tuvieran en el uso de imágenes relativas a los años nazis. Se buscó que estos nuevos trabajos pusieran cara a cara al público con los mismos nazis y se trató de establecer vías que conecten la imaginería del Tercer Reich con el consumidor cultural del presente.
Nada de esa descripción suena polémico, aunque sí lo es su contenido y lo que representan. Es que entre las obras a exponer figuran varias piezas controvertidas, como una foto titulada «Giftgas Giftset» del americano Tom Sachs que enseña una serie de contenedores de gas con el logotipo de marcas de prestigio como Chanel, Hermés o Tiffany's para ilustrar «cómo se puede transformar algo horrible en un objeto de glamour y deseo».
Otra obra en formato digital del inglés Alan Schechner consiste en un autorretrato del artista sosteniendo una lata de Coca Cola Diet entre prisioneros demacrados del campo de concentración de Buchenwald. También serán incluidos collages como el de la austríaca Elke Krystufek donde hay una foto de ella misma desnuda al lado de retratos de grandes íconos de Hollywood como Frank Sinatra, Clint Eastwood o Dirk Bogarde interpretando glamorosos y elegantes oficiales nazis. Esas mismas fotografías formaron parte en su momento de la instalación «Los nazis» de Piotr Uklanski.
Una pieza que integra la colección permanente del Museo llama la atención de muchos y despierta las mayores críticas: se trata de la representación de una serie de falsas cajas de Lego para armar un campo de concentración hecha por el artista polaco Zbigniew Libera. Kleebatt dice que cuando el Museo adquirió esta obra en 1997 «se produjo una animada discusión entre los miembros del directorio encargado de decidir su compra, pero al final fue reconocida como una obra de arte y una herramienta educativa».
Reacciones
Las reacciones no esperaron a que la muestra abriera. «¿Un Lego con un campo de concentración? Esto es considerar a Auschwitz como un juego. ¿También incluye una cámara de gas en versión Lego?» fue la frase irónica con la que duramente reaccionó Menachen Rosensaft, uno de los miembros del Consejo Norteamericano para el Memorial del Holocausto.
Por su parte, el director del Congreso Judío Americano, Phil Baum, comentó «que en cualquier otro contexto estos objetos son efectivamente propaganda nazi y son vergonzosos, pero precisamente el Museo Judío, más que cualquier otro, los muestra en el contexto de la libertad artística, el arte asume privilegios que el resto de la sociedad no tiene».
En tanto, Abraham Foxman, director nacional de la Liga Antidifamación, recientemente dijo «este show es prematuro porque todavía hay entre nosotros sobrevivientes que pueden haberse sentido ofendidos».
Tras escuchar estas palabras el curador Kleeblatt dijo a este diario que «no sabíamos que la muestra podría provocar una controversia tan grande. Se trata solamente de observar el arte relacionado con esa época. Los artistas conservan la memoria del horror y las estrategias de la sociedad que creó esta matanza».
Ante la pregunta de por qué, pese a las críticas, decidió llevar adelante esta exhibición, Kleeblatt, que a su vez ha sido afectado por el Holocausto de forma directa ya que es hijo de un judío alemán refugiado en los Estados Unidos en vísperas de la Segunda Guerra Mundial y sus abuelos murieron en campos de concentración nazis, contestó «desearía poder decir que esa es la razón del porqué estoy organizando esta muestra. Crecí en una casa donde descubrí que la sociedad puede volverse contra uno, tal vez por eso es que soy tan vigilante para hacer cuestionamientos que movilicen».
Algunos medios recordaron, en lo que se refiere a escándalos generados por muestras artísticas, el incidente que en 1999 provocó la muestra Sensation organizada por el Brooklyn Museum of Art. En aquella oportunidad un cuadro con la imagen de la Virgen María retratada como una madonna negra rodeada de ángeles femeninos con fuerte contenido erótico fue considerado por la Iglesia Católica como un blasfemia, lo que generó un debate que involucró hasta el entonces alcalde Rudolph Giuliani, quien llegó a amenazar con quitar la financiación pública de ese museo y crear un comité de moralidad para el arte. Hoy el nuevo alcalde es Michael Bloomberg, quien además hasta hace un mes era miembro del directorio del Museo Judío y renunció cuando asumió la alcaldía para evitar conflictos de intereses. Pero Bloomberg, a diferencia de Giuliani, prefirió evitar el ingreso en forma directa a la discusión sobre la moralidad de la exhibición. Se limitó a transmitir su visión a través de su portavoz quien manifestó que «el alcalde considera ofensivo cualquier exhibición ofensiva en relación con el Holocausto, pero no va decidir lo que los museos pueden o no mostrar».
Desde hace más de medio siglo el Museo Judío de Nueva York ha sido una de las instituciones culturales más importantes de la ciudad. Una de sus misiones centrales es promover las artes visuales desde una perspectiva judía. En su apogeo durante los '60 llegó a ser catalogado por muchos críticos como el centro más importante del arte experimental de la época, sobrepasando en la promoción de nuevos movimientos artísticos al MoMA y al Whitney Museum. Hoy, treinta años más tarde y gracias a una polémica exhibición, volvió a ocupar un lugar central en el escenario del arte neoyorquino.




Dejá tu comentario