20 de febrero 2002 - 00:00

EEUU: critican muestra polémica

(20/02/02) Nueva York.- Todo comenzó cuando las autoridades del Museo Judío de Nueva York anunciaron a la prensa el listado de las exhibiciones previstas para la temporada 2002. Allí se hizo público que el contenido de una de la muestras planeadas, «Mirroring Evil: Nazi Imaginery/ Recent Art» («Reflejando el Mal: imaginería nazi, arte reciente»), estaría centrado en el uso que diferentes artistas jóvenes hacen de imágenes y símbolos nazis, incluyendo referencias al Holocausto.

Tal fue la reacción que, cuando todavía falta casi un mes para su apertura (el 17 de marzo), no hubo medio en Nueva York que no se ocupara del tema. Muchos ven en la futura muestra una verdadera trivialización del nazismo, una broma nefasta que hubiera sido mejor evitar. Sobrevivientes del Holocausto y sus familias ya han emitido duras críticas al museo. Las más extremas catalogaron a la exposición como algo bajo y repugnante, una falta de respeto a las víctimas del genocidio, agravado por el hecho de que es una institución de la misma colectividad judía la que lo patrocina.

Las autoridades del museo se defienden. La directora, Joan Rosembaum, en diálogo con este diario, afirmó que « es arte con un mensaje político, no es solamente un asunto estético. La idea es provocar discusiones. El museo que dirijo quiere informar sobre esta tendencia e intentamos interpretar los trabajos».

«Nosotros podemos brindar un contexto que no tienen otros museos como el MoMA o el Guggenheim», continuó Rosembaum. « El hecho de que somos un museo que interpreta la cultura judía provee un marco que nos permite tomar riesgos y lidiar con trabajos osados. Es parte de nuestra misión mirar todo lo que afecte a nuestra colectividad que sea expresado a través del arte».

Rosembaum
también se refirió a las obras que integran la muestra en los siguientes términos: «los trabajos que la componen nos sacan del pasado, nos llevan a preguntarnos qué pueden significar para nuestras vidas actuales estas imágenes nazis. Estas obras nos ayudan a mantener el alerta en el presente y a no olvidar los símbolos de la opresión. Los artistas seleccionados nos piden que examinemos lo que estas imágenes del nazismo significan para nosotros en la actualidad».

En la misma línea, el curador de la muestra, Norman Kleeblatt, explicó ante este diario el criterio de selección: «en los últimos años hemos venido observando la utilización de una iconografía que es compartida por ciertos artistas que pertenecen a la segunda o tercera generación posterior a la Segunda Guerra. Ellos se apartaron del arte referente al Holocausto producido por la primera generación, que había puesto su foco en las víctimas.

Los artistas de las nuevas generaciones que elegimos, todos entre 30 y 40 años, nos hacen confrontar con las mismas caras de los nazis, con los victimarios, con sus aparatos de poder, con su notoria y eficaz propaganda».

Según
Kleeblatt, «estos jóvenes artistas usan el lenguaje cerebral del arte conceptual. Ellos toman las imágenes, las colocan fuera del pasado y las ubican en el presente. De esta manera también entran en juego nuestras propias identidades y creencias al mismo tiempo que nos comprometemos con el arte».

La idea es ampliada por
Kleeblatt en el catálogo de la muestra, donde expresó que «un tiempo atrás comencé a notar cómo una nueva camada de artistas está mirando esos hechos de una forma radicalmente diferente y perturbadora. Ellos dejaron de lado el modelo standard que ponía el punto central en víctimas frecuentemente anónimas, y en cambio lo pusieron en los perpetradores. Más importante aun es que crearon obras que los espectadores deberían confrontar en escenarios donde cuestiones éticas y morales no pueden resolverse fácilmente».

La exhibición durará hasta el 30 de junio. La muestra está acompañada por un extenso programa de actividades educativas, publicaciones, conferencias y debates. El corazón de la iniciativa consiste en la selección de trabajos recientes que pertenecen a trece artistas reconocidos internacionalmente provenientes de los Estados Unidos y países europeos.

Todos fueron elegidos según la originalidad que tuvieran en el uso de imágenes relativas a los años nazis. Se buscó que estos nuevos trabajos pusieran cara a cara al público con los mismos nazis y se trató de establecer vías que conecten la imaginería del Tercer Reich con el consumidor cultural del presente.

Nada de esa descripción suena polémico, aunque sí lo es su contenido y lo que representan. Es que entre las obras a exponer figuran varias piezas controvertidas, como una foto titulada
«Giftgas Giftset» del americano Tom Sachs que enseña una serie de contenedores de gas con el logotipo de marcas de prestigio como Chanel, Hermés o Tiffany's para ilustrar «cómo se puede transformar algo horrible en un objeto de glamour y deseo».

Otra obra en formato digital del inglés
Alan Schechner consiste en un autorretrato del artista sosteniendo una lata de Coca Cola Diet entre prisioneros demacrados del campo de concentración de Buchenwald. También serán incluidos collages como el de la austríaca Elke Krystufek donde hay una foto de ella misma desnuda al lado de retratos de grandes íconos de Hollywood como Frank Sinatra, Clint Eastwood o Dirk Bogarde interpretando glamorosos y elegantes oficiales nazis. Esas mismas fotografías formaron parte en su momento de la instalación «Los nazis» de Piotr Uklanski.

Una pieza que integra la colección permanente del Museo llama la atención de muchos y despierta las mayores críticas: se trata de la representación de una serie de falsas cajas de Lego para armar un campo de concentración hecha por el artista polaco
Zbigniew Libera. Kleebatt dice que cuando el Museo adquirió esta obra en 1997 «se produjo una animada discusión entre los miembros del directorio encargado de decidir su compra, pero al final fue reconocida como una obra de arte y una herramienta educativa».

Reacciones

Las reacciones no esperaron a que la muestra abriera. «¿Un Lego con un campo de concentración? Esto es considerar a Auschwitz como un juego. ¿También incluye una cámara de gas en versión Lego?» fue la frase irónica con la que duramente reaccionó Menachen Rosensaft, uno de los miembros del Consejo Norteamericano para el Memorial del Holocausto.

Por su parte, el director del Congreso Judío Americano,
Phil Baum, comentó «que en cualquier otro contexto estos objetos son efectivamente propaganda nazi y son vergonzosos, pero precisamente el Museo Judío, más que cualquier otro, los muestra en el contexto de la libertad artística, el arte asume privilegios que el resto de la sociedad no tiene».

En tanto,
Abraham Foxman, director nacional de la Liga Antidifamación, recientemente dijo «este show es prematuro porque todavía hay entre nosotros sobrevivientes que pueden haberse sentido ofendidos».

Tras escuchar estas palabras el curador
Kleeblatt dijo a este diario que «no sabíamos que la muestra podría provocar una controversia tan grande. Se trata solamente de observar el arte relacionado con esa época. Los artistas conservan la memoria del horror y las estrategias de la sociedad que creó esta matanza».

Ante la pregunta de por qué, pese a las críticas, decidió llevar adelante esta exhibición,
Kleeblatt, que a su vez ha sido afectado por el Holocausto de forma directa ya que es hijo de un judío alemán refugiado en los Estados Unidos en vísperas de la Segunda Guerra Mundial y sus abuelos murieron en campos de concentración nazis, contestó «desearía poder decir que esa es la razón del porqué estoy organizando esta muestra. Crecí en una casa donde descubrí que la sociedad puede volverse contra uno, tal vez por eso es que soy tan vigilante para hacer cuestionamientos que movilicen».

Algunos medios recordaron, en lo que se refiere a escándalos generados por muestras artísticas, el incidente que en 1999 provocó la muestra
Sensation organizada por el Brooklyn Museum of Art. En aquella oportunidad un cuadro con la imagen de la Virgen María retratada como una madonna negra rodeada de ángeles femeninos con fuerte contenido erótico fue considerado por la Iglesia Católica como un blasfemia, lo que generó un debate que involucró hasta el entonces alcalde Rudolph Giuliani, quien llegó a amenazar con quitar la financiación pública de ese museo y crear un comité de moralidad para el arte. Hoy el nuevo alcalde es Michael Bloomberg, quien además hasta hace un mes era miembro del directorio del Museo Judío y renunció cuando asumió la alcaldía para evitar conflictos de intereses. Pero Bloomberg, a diferencia de Giuliani, prefirió evitar el ingreso en forma directa a la discusión sobre la moralidad de la exhibición. Se limitó a transmitir su visión a través de su portavoz quien manifestó que «el alcalde considera ofensivo cualquier exhibición ofensiva en relación con el Holocausto, pero no va decidir lo que los museos pueden o no mostrar».

Desde hace más de medio siglo el Museo Judío de Nueva York ha sido una de las instituciones culturales más importantes de la ciudad. Una de sus misiones centrales es promover las artes visuales desde una perspectiva judía. En su apogeo durante los '60 llegó a ser catalogado por muchos críticos como el centro más importante del arte experimental de la época, sobrepasando en la promoción de nuevos movimientos artísticos al MoMA y al Whitney Museum. Hoy, treinta años más tarde y gracias a una polémica exhibición, volvió a ocupar un lugar central en el escenario del arte neoyorquino.

Dejá tu comentario

Te puede interesar